Imperio de Ebla
Hacia mediados del III milenio se completó la urbanización de la alta Mesopotamia cuando ya existían ciudades tanto en la costa mediterránea (Ugarit [Ras Shamra] Biblos [Gubla]) como en el interior (Ebla), ocupado por poblaciones de habla semítica. En efecto, las excavaciones llevadas a cabo en Tell Mardik, al norte de Siria, y el estudio de los miles de tablillas descubiertas en donde debieron estar los archivos del Palacio y la Biblioteca, salvadas por cocción tras el incendio que destruyó gran parte de esta desconocida ciudad milenaria, han proporcionado material suficiente como para hablar del "imperio de Ebla" hacia mediados del III milenio, anterior incluso a sus contemporáneos mesopotámicos. Sin embargo, dado que la ciudad de Ebla no sería destruida hasta ca. 1300 por los hititas, podría tratarse tan sólo de un "reino" hegemónico que más tarde se convertiría en un verdadero imperio. No obstante, ca.2.400 a.C., época a la que pertenece el archivo cuneiforme eblaíta, este estado presentaba ya una gran complejidad burocrática y administrativa. Desde el punto de vista geopolítico, el llamado "imperio de Ebla" se sitúa entre dos grandes bloques de poder: el faraónico del Imperio Antiguo (Dinastías V y VI) y el mesopotámico o, mejor dicho, sumerio de los "reyes de Kish" en el área bajo-mesopotámica, cuyas tendencias expansionistas arrancando del Nilo y el Golfo Pérsico, respectivamente, convergían en esta región centro-septentrional de Siria. Su ubicación precisa al oeste del alto Éufrates, próxima a Karkemish pero también al Mediterráneo, proporcionaba a Ebla una situación privilegiada en la intersección de los ejes comerciales básicos del Próximo Oriente que unían Anatolia con Arabia y Egipto, de un lado, y el Mediterráneo con Irán y el Golfo Pérsico, de otro lado. A través de ellos Ebla recibió influencias culturales importantes, pero el "modelo eblaíta" presenta peculiaridades tales con aspectos incluso antitéticos a los de otros conocidos que los elementos comunes resultan irrelevantes para definir dicho sistema. En efecto, el modelo político es sin duda mesopotámico, aunque con variaciones notorias. mientras que el "palacio", como residencia del "rey" y centro económico redistributivo, tiene una función similar a la de sus contemporáneos mesopotámicos, el "templo", en cambio, no tiene aquí un papel económico ni político destacado. Además, la monarquía no es aquí vitalicia sino temporal; no es hereditaria o dinástica, al menos durante varias generaciones, sino electiva y renovable cada siete años. Por otra parte, las titulaturas administrativas se corresponden con funciones inversas a las mesopotámicas: el rey o "en" (señor) eblaíta cuenta con el apoyo de varios "lugal", título que aquí no designa el poder político-militar del "rey" sobre los príncipes ("ensi") locales, sino la condición de funcionario real con responsabilidad sobre uno de los 14 distritos administrativos (12 en el territorio y 2 en la propia ciudad) en que se divide el reino-imperio, que incluye un centenar de aldeas. Aun pequeño, su dominio territorial es mayor que el de los estados mesopotámicos contemporáneos. Se extiende entre Hama y Alepo, al sur y norte, respectivamente, pero no alcanza la costa mediterránea por el oeste ni remonta el Éufrates por el este, donde limita con los dominios de Karkemish y los del reino de Mari, en el Éufrates medio. Es probable que no se tratara de un dominio político efectivo, sino de un simple sistema de control sobre base tributaria por parte de las ciudades vecinas que reconocieran la "hegemonía" de Ebla en esta región, si bien su esfera de influencia comercial sobrepasó con mucho el ámbito territorial dominado políticamente por el "en" de Ebla. Tampoco la ciudad es aquí fundamentalmente el centro de la comunidad agrícola (no hay restos de un sistema de canalización, aquí probablementre innecesario), sino que la población se encuentra mucho más articulada que en las primeras ciudades mesopotámicas. Aunque la economía básica del país es la agropecuaria, el comercio es sin duda el sector más desarrollado, especialmente en la rama de productos textiles elaborados con la lana de una importante cabaña ovina. Pero la actividad comercial se realiza ante todo hacia el exterior, porque la función redistributiva del "palacio" proporcionaba abastecimiento a un importante colectivo de hombres ("gurus") y mujeres ("dam"), entre 40.000 y 90.000, a cambio de sus periódicas prestaciones al Estado. Ello exigía un desmesurado número de funcionarios, no menos de 11.000, de los que 4.700 pertenecían al Palacio. Entre ellos destaca el "tesorero del rey" "lugal-sa-za") y los "gobernadores" ("lugal") de los 14 distritos del reino, título que se aplica asimismo a los miembros del "consejo de ancianos" ("abba"), por lo que podría tratarse de un mismo colectivo, cuya función política no es clara. En una ocasión en que Consejo y Rey aparecen enfrentados, éste acaba siendo destronado, aunque se discute el procedimiento: por la imposición de un soberano exterior o por una conspiración urdida por los propios "ancianos". Sin embargo, los reinados "renovados" duran aproximadamente 4 setenios, esto es, entre 24 y 28 años. Se sabe incluso que un rey, Ebrium, contra la costumbre transmitió el trono a su hijo, quizá por razones de defensa militar en las áreas periféricas. En éstas eran frecuentes las disputas por el control de las zonas limítrofes con Karkemish y Mari. Un rey de esta última ciudad del Éufrates, Enna-Dagan, recordó a su colega, o tributario, de Ebla las victorias de sus predecesores en los confines entre ambos reinos. Pero es dudoso si este "lugal de Mari" lleva un título mesopotámico y sería, entonces, un auténtico rey, o bien un título administrativo eblaíta siendo, por el contrario, un funcionario dependiente del "en" de Ebla. Si esta última hipótesis es la correcta, el "imperio de Ebla" habría incluido el dominio de un amplio territorio: con seguridad toda Siria y la región del alto Éufrates, probablemente también la del alto Tigris y parte de la Anatolia centro-oriental, extendiéndose más tarde hacia el sureste. Aunque es dudoso si el reino y la ciudad de Mari cayeron bajo el dominio territorial de Ebla, es seguro que Assur, en el curso medio del Tigris, quedó ya fuera de él, puesto que un tratado regulaba las relaciones entre ambos estados. No obstante, a finales del Protodinástico todas estas ciudades caerían ante el irresistible avance hacia el Mediterráneo de Sargón de Akkad, el artífice del primer imperio mesopotámico. Ver, Cronología del Antiguo Oriente Próximo, Cronología media del Antiguo Oriente Próximo, Cronología corta del Antiguo Oriente Próximo.

