Tégula
Tégula es una transcripción al español del substantivo latino tegula "teja", que se forma a partir de una raíz teg-, que expresa la idea de "cubrir". A este término se asocia ímbrice, del latín imbricem (acusativo de imbrex), que a su vez es un derivado de imbrem (acusativo de imber), cuyo significado es "lluvia". Con él se denomina un tipo de teja curva que aparece asociado con el anterior. Ambas etimologías están recogidas por san Isidoro (Etimologías): "Se llaman tégulas porque cubren los edificios e ímbrices porque contienen las lluvias". Las tégulas romanas suelen ser de terracota, planas, rectangulares o trapezoidales, con dos pestañas o rebordes a lo largo de los lados mayores. Las tégulas apoyan sobre las vigas, a las que se clavan. A veces presentan dos perforaciones para dar paso a los clavos. Se yuxtaponen por los lados mayores, de forma que cada viga da apoyo a dos tégulas. La unión de los cordones o pestañas de ambas tejas se protege por un ímbrice, una teja semicilíndrica o semitroncocónica de diámetro suficiente para albergar las juntas de las piezas rectangulares. Cada hilera de tégulas forma un canal que evacua las aguas de lluvia hasta un canalón situado bajo el alero, desde donde caen al exterior. Se solían preferir las tégulas usadas, pues sobrevivir durante años a las inclemencias del tiempo y al calor del sol era credencial más que suficiente de la buena calidad de la arcilla y la cocción. Las tégulas, por su gran superficie y la buena rigidez que les proporcionan los cordones laterales, son un material de construcción versátil, a la par que barato, por lo que a lo largo de la historia se han aplicado a infinidad de usos. Consta la existencia de tégulas de bronce en algunos templos de Roma. Las hubo en el Panteón y en el Capitolio. Los orígenes de estos elementos de cobertura son griegos. Los templos grigos se cubrían con grandes tégulas de mármol, cuyos ímbrices tenían forma diédrica (ímbrices corintios). Los ímbrices se usaron frecuentemente para confeccionar canalillos de desagüe, especialmente en villas rústicas. Aunque ninguno de los dos términos está recogido en el diccionario de la Real Academia Española ambos son de uso habitual en arquitectura y arqueología para designar las tejas romanas.

