Sertorio
Quinto (Quintus Sertorius) (ca.123-72 a.C.). Destacado político y militar romano de finales de la República. Nacido en Nursia, una ciudad del territorio sabino, en el seno de una familia ecuestre, destacó pronto como buen orador. Pero su prestigio vendría sobre todo de sus intervenciones, a las órdenes de Mario, en las batallas de Arausio (105) y Vercellae (102). Según las fuentes, en este año Sertorio había entrado en el territorio de los teutones para conocer sus movimientos aprovechando sus conocimientos de la lengua celta. Posteriormente sirvió como tribuno militar en Hispania bajo Tito Didio (97 al 93). En el 90 fue nombrado cuestor, permaneciendo en la Galia Cisalpina. Poco tiempo después tomaría parte en la guerra social en calidad de legado. Durante la guerra civil se declaró enemigo de Sila, mandando, según nos dice Apiano, una de las cuatro legiones que ocuparon Roma bajo el gobierno de Mario y Cinna. No obstante, pese a esta colaboración, se mostró contrario a las ejecuciones que siguieron al establecimiento de este gobierno, manteniendo una postura independiente durante el régimen de Cinna. En el 83 viajó a Hispania en calidad de pretor, pero en los años siguientes, con Sila ya en el poder, Sertorio se convirtió en un rebelde que dirigió desde Hispania la lucha contra el dictador. Durante esta etapa trató de atraerse a las tribus indígenas de la península mediante el trato afable, el alivio de los tributos y el levantamiento de la obligación de alojar a los soldados en sus poblaciones. Para defender la península situó a Livio Salinator con 6.000 hombres en el paso pirenaico, estableciendo probablemente una segunda línea defensiva a la altura del Ebro. Sin embargo el ejército de C. Annio Lusco, en el 81, logró vencer a Livio Salinator, ante lo cual Sertorio optó por embarcarse en Cartago Nova y abandonar temporalmente Hispania. Las fuentes, en ocasiones poco fiables, mencionan la colaboración de Sertorio con piratas cilicios en acciones contra las islas de Ibiza y de Plana y, posteriormente, contra la costa Mauritana. Aquí venció a la guarnición romana mandada por Pacciano, que Sila había enviado en ayuda de Ascalis, vasallo del rey de Mauritania, y poco más tarde puso sitio a la ciudad de Tingis, que cayó en su poder. En la primavera del año 80, Sertorio se encontraba nuevamente en la península. Desembarcado en Baelo, su cómoda victoria sobre el propretor Cotta explica que se le uniera un importante contingente de infantes y jinetes. Tras cruzar el Guadalquivir e imponerse con facilidad a las legiones del nuevo propretor de Sila, Fudidio, pudo alcanzar la Lusitania (finales del 80). Al año siguiente, Sila, preocupado por el curso de los acontecimientos en la Hispania Ulterior, decidió enviar a la península a Q. Cecilio Metelo Pio, en calidad de procónsul de la Ulterior al frente de dos legiones. El enfrentamiento entre ambos ejércitos tuvo lugar, a lo largo del 79 y 78, en el sur de Lusitania, Sertorio supo actuar con acierto pese a la inferioridad numérica de sus efectivos. Envió a su lugarteniente Hirtuleyo a detener las tropas del gobernador de la Citerior, M. Domicio Calvino que acudía en ayuda de Metelo siguiendo la línea del Tajo. Hirtuleyo no sólo venció a Calvino cerca de Consabura, sino que, desplazándose más hacia el Este, derrotó al procónsul de la Narbonense L. Manlio. Por su parte, la tropas de Sertorio lograron romper el cerco que Metelo había puesto a la ciudad de Lacóbriga, obligando a éste a replegarse a la zona del Guadiana. En el año 77, Sertorio ordenó regresar a Hirtuleyo a la Lusitania, cuya defensa le fue encomendada, en tanto que él se dirigió con sus tropas al valle del Ebro. Logró en este mismo año vencer la resistencia de algunas ciudades que aún no habían formado parte de las conquistas de Hirtuleyo, como Caracca y Contrebia, estableciendo finalmente su cuartel de invierno de Castra Aelia, quizá en la desembocadura del Júcar. En este mismo año, Marco Perpenna unió sus tropas a las de Sertorio, engrosando así un ejército de 20.000 infantes y 1.500 jinetes que le permitía dominar la casi totalidad de la Hispania Citerior, Tampoco renunció Sertorio a reordenar el territorio sometido a su control, creando un Senado formado por los exiliados romanos, fundando una escuela en Osca para la educación romana de los hijos de la aristocracia indígena y entrenando a las tribus celtíberas conforme a las tácticas militares romanas, En el año 76 inició Pompeyo, al frente de un ejército de 50.000 infantes y 1.000 jinetes, su campaña contra Sertorio en Hispania. En este mismo año, Pompeyo fracasó en su intento de tomar Lauro, pero un año después, gracias a la colaboración de los dos procónsules, el curso de la guerra comenzó a cambiar: Metelo logró destruir el ejército de Hirtuleyo probablemente en las inmediaciones de Segovia, aunque Metelo ya había obtenido una victoria sobre él un año antes en Itálica, y socorrer a Pompeyo, que si bien había logrado conquistar la ciudad de Valentia tuvo un desafortunado enfrentamiento frente al ejército de Sertorio en el río Sucro. En el 74, Pompeyo y Metelo avanzaron en dos frentes: el primero por el valle del Duero hacia el oeste y el segundo en el frente oriental, a lo largo del valle del Jalón, asediando los puntos fuertes de Sertorio, destruyendo los campos y tratando de atraerse a la población indígena. Las dificultades de Sertorio parecen venir confirmadas por el pacto suscrito con Mitrídates VI, rey del Ponto y eterno enemigo de Roma quizá ya a finales del 75. Pompeyo y Metelo se unieron, a finales de esta campaña, en su intento de tomar Calagurris, ciudad defendida personalmente por Sertorio. El fracaso del ambos les obligó a retirarse y esperar, tras el invierno, a una nueva campaña. A lo largo del año 73, Pompeyo, sin la ayuda ya de Metelo, llevó a cabo una intensa campaña de conquistas en la Celtiberia, lo que obligó a Sertorio a hacerse fuerte en el valle del Ebro, especialmente en las ciudades de Ilerda, Osca y Calagurris. Las plazas fuertes de Sertorio en el Levante, Tarraco, Dianium, también cayeron durante estos meses. Finalmente, ya en el año 72, una conspiración de sus más directos colaboradores, encabezada por Perpenna, puso fin a su vida. Pompeyo no tuvo dificultades para derrotar a Perpenna, que pretendió seguir al frente del ejército de Sertorio, así como en liquidar los últimos reductos sertorianos en la Citerior. La personalidad de Sertorio fue presentada de forma muy distinta tanto por la tradición antigua (Plutarco es favorable a su figura, mientras Apiano es contrario a ella) como por la moderna historiografía.

