Maqueronte

o Machaerus. Fortaleza ubicada en la cumbre de una colina en la antigua Perea, en la actual Jordania. Se localiza en las montañas de Moab, al este del Mar Muerto, entre este y la Vía Nova, y a unos 25 km al sudeste de la desembocadura del río Jordán. Fue originalmente construida por el rey asmoneo Alejandro Janneo (103-76 a.C.) en torno al año 90 a.C.. Flavio Josefo proporciona una detallada descripción de la fortaleza, ubicada en el extremo de la cumbre de una colina que se eleva unos 1.100 m sobre el nivel del mar Muerto (700 metros sobre el nivel del mar). Esta colina se encuentra rodeada en todos sus flancos por dos profundos uadis: Heidan-Mujib al sur y Zerqa Ma'in al norte (donde se ubican las aquas termales de Baara), que constituyen una defensa natural excepcional. Hacia el oeste se localiza la llanura costera oriental del Mar Muerto, cuya anchura es de unos 11 km, mientras que al este las laderas caen abruptamente formando cortados de hasta 50 metros de altura. Fue destruida por Aulo Gabinio, general de Pompeyo, en el año 57 a.C., pero Herodes I el Grande la reconstruyó como puesto militar para defender sus territorios al este del Jordán en el año 30 a.C.. Herodes consideró que la fortaleza ocupaba un importante lugar estratégico debido a su posición cerca de Arabia, por lo cual aumentó sus defensas construyendo un fuerte amurallado de 100 m de longitud y 60 de anchura, con cuatro torres en los vértices de 27 m de altura, así como un palacio dentro del área amurallada. Tambien construyó numerosas cisternas para almacenar el agua de lluvia. así como depósitos de armas y de alimentos, al igual que hiciera en Masada. La fortaleza fue muy apreciada por Herodes por la existencia de manantiales cercanos, tanto de agua fría como de aquas termales (las aguas de Calírroe), debido a que le permitian aliviar sus dolencias renales y la gangrena que podría haber padecido al final de sus días, según interpretaciones médicas actuales. A la muerte de Herodes, la fortaleza pasó a manos de su hijo Herodes Antipas, que gobernó Perea y Galilea desde el 4 a.C. hasta el 39. Fue durante esta etapa cuando el predicador Juan el Bautista fue encarcelado en este lugar y posteriormente decapitado por instigación de Salomé, hija de Herodías. Tras la muerte de Herodes Antipas, Maqueronte pasó a manos de Herodes Agripa I, hasta su muerte en el año 44, a partir del cual la fortaleza fue defendida por una guarnición romana. Tras el estallido de la primera guerra romano-judía en el año 66, los judios que habitaban la ciudad extramuros de la fortaleza tomaron el control de la misma tras pactar con la guarnición romana su entrega, a cambio de su libre partida. Poco después de la conquista del Herodión, el legado romano Lucilio Baso se dirigió hacia Maqueronte en el año 72 y la asedió. Los judíos rebeldes expulsaron a los extranjeros (posiblemente nabateos) a la ciudad baja de la ladera norte y se refugiaron en la fortaleza, desde la cual efectuaban frecuentes e inesperadas salidas contra los romanos para impedir la paulatina construcción de una rampa. No obstante, los judíos capitularon antes de que comenzara el definitivo ataque romano, a diferencia de lo que ocurriría posteriormente en Masada. Según narra Flavio Josefo en La guerra de los judios, la rendición se produjo por la captura del líder judío, un tal Eleazar, muy apreciado por los rebeldes. Ante la amenaza de tortura y de crucifixión, los judíos accedieron finalmente a entregar la fortaleza a cambio de la vida de Eleazar y de que los romanos les dejaran partir libremente. Los extranjeros confinados en la ciudad baja, al no formar parte del acuerdo, trataron de huir por la noche, pero fueron denunciados por los judíos y hubieron de abrirse paso luchando contra los romanos; estos dieron muerte a 1.700 hombres de los que quedaron en la ciudad baja y esclavizaron a las mujeres y los niños. Respecto a los judíos, Baso decidió cumplir el acuerdo y les dejó marchar entregándoles a Eleazar, tras lo cual ordenó destruir la fortaleza, dejando solo los cimientos. En las excavaciones se han llegado a indentificar los restos de tres de las torres, pero la destrucción que hicieron los romanos fue tal que sólo ha podido encontrarse el umbral de una puerta por encima del nivel de arrasamiento. Dentro del área fortificada se encuentran las ruinas del palacio de Herodes, que incluiría varias habitaciones, un gran patio y un elaborado baño cuyo suelo todavía muestra restos de mosaicos. Más abajo de la ladera oriental existen otras murallas y torres, que podrían identificarse corno la "ciudad baja" de la que habla Josefo. También se aprecian los restos del acueducto que, procedente del este, conducía el agua de las cisternas a la fortaleza. Los restos de cerámica encontrados en el área indican una cronología de ocupación que abarca desde el período helenístico tardío hasta la época altoimperial romana; concretamente se señalan dos períodos de ocupación, denominados asmoneo (90-57 a.C.) y herodiano (30 a.C.-72), con una efímera reocupación posterior a la conquista romana, que confirmaría el importante grado de destrucción de la fortaleza por el ejército de Baso.
 
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