Sumo Pontífice
o Pontifex Maximus o Pontífice máximo. Título que entre los romanos se daba a los principales encargados de dirigir los asuntos religiosos, los cuales entendían de las diferencias que sobre privadas. Esta dignidad era creación de Numa, y en un principio solo la obtuvieron los patricios. Después de la muerte de Lépido que había sido triunviro, Augusto tomó el pontificado, y después de él, todos los emperadores hasta Graciano, fueron honrados con esta dignidad, a fin de que el pontificado estuviese rodeado de más prestigio que no lo hubiese estado en un simple particular. El Pontifex Maximus tenía la superintendencia de todo lo relativo a religión, prescribía las ceremonias y explicaba los misterios. Las Vestales estaban bajo su dirección, y él era quien las recibía y las castigaba cuando habían prevaricado. Tenía la inspección sobre todas las órdenes de sacerdotes y ministros de los sacrificios. Dictaba siempre la fórmula en los actos públicos. Tenía el derecho de presidir en las adopciones. Conservar los anales, arreglar el año, entender en ciertas causas respectivas al matrimonio. Él sólo estaba autorizado para dispensas, y no tenía que dar cuenta de su conducta ni al Senado ni al pueblo. Además gozaba del privilegio de conservar su dignidad durante su vida, y de no tener igual en su cargo, lo cual se comprueba por el ejemplo de Augusto, que aguardó la muerte de Lépido para tomar el sumo pontificado. No obstante tantas prerrogativas que le daban una autoridad tan extensa, había ciertas cosas que no podía resolver sin el consentimiento del colegio de los pontífices, o se podía apelar de sus decisiones a este último, así como del lado del colegio al pueblo. No le era permitido tampoco salir de Italia, siendo Craso el primer sumo pontífice que infringió esa ley y a su ejemplo sus sucesores en el pontificado se arrogaron igual privilegio. La ley Vatinia, que vino luego, permitía al Pontifex Maximus echar suertes para el gobierno de las provincias. Tampoco le era permitido vivir sino en una casa del Estado. No podía pasar a segundas nupcias, mirar ni tocar un cadáver, por cuya razón se plantaba un ciprés delante de la casa de un muerto, para prevenir al pontífice que no entrase en una casa donde podía contaminarse. La consagración del Pontifex Maximus se hacía con ceremonias extraordinarias. Ver, Pontífice.

