Popes
Sacerdotes romanos encargados de conducir la víctima al altar, pero de manera que la cuerda con que la sujetaban estuviese floja, a fin de que la víctima no pareciese conducida al sacrificio a pesar suyo, lo cual hubiese sido de mal agüero. Al llegar al altar la desataban por el mismo motivo, y era un signo funesto cuando huía. Los Popes preparaban entretanto los cuchillos, el agua y las demás cosas necesarias para el sacrificio. Después de haber recibido la orden del sacrificador, uno de ellos hería la víctima con un hacha o una maza, y la degollaba enseguida. Desangrada ya la víctima, cuya sangre se recibía en las cráteras, la derramaban sobre el altar. Los Popes la ponían sobre una mesa sagrada, llamada anclabris donde la despellejaban y disecaban, a menos que no se quemase entera, en cuyo caso la ponían en la hoguera, después de degollada. En los sacrificios ordinarios no se quemaba más que una pequeña parte de la víctima. Del resto se hacían dos porciones, una para los dioses y la otra para los que costeaban al sacrificio. Estos solían regalar de la suya a sus amigos, y la porción de los dioses quedaba abandonada a los Popes, que se la llevaban a sus casas, llamadas pompinae de su nombre, donde iban a comprar todos aquellos que querían. Como los Popes vendían también vino, las popinas venían a ser las tabernas de los romanos, y este nombre es todavía el que sirve para expresar en latín aquellos establecimientos. Los Popes llevaban una especie de corona en la cabeza, pero iban medio desnudos, con las espaldas, brazos y alto del cuerpo hasta el ombligo. Lo restante del cuerpo lo cubrían hasta media pierna de un delantal de tela o de piel de víctimas; así por lo menos están representados en la columna Trajana. Hay sin embargo otras figuras antiguas que los representan con otros trajes. En tiempos modernos la palabra pope ha pasado a designar a los sacerdotes de la iglesia ortodoxa griega y de los pueblos eslavos, en especial rusos.

