Simulacro

Estatua a la cual se tributaba un culto religioso. Los egipcios, al principio, no tenían más que templos sin estatuas. Los griegos, que tomaron de ellos sus ceremonias religiosas, prescindieron también de estas representaciones sensibles y, a su ejemplo, los romanos honraron a los dioses durante 170 años sin consagrarles estatuas. Sin embargo, el uso de esta creencia tiene su origen en la más remota antigüedad entre los griegos, y Eusebio lo hace remontar hasta el tiempo de Moisés, al que supone contemporáneo de Cécrope, rey de Atenas, que fue el prirnero que introdujo en Grecia el culto de los ídolos. Antes de él se adoraban figuras informes, hasta que, por fin, escogieron la del hombre, bajo la cual representaron a la divinidad en oposición a la creencia de los persas, que, según Heródoto, no opinaban como los griegos. Esto es, que los dioses hubiesen escogido la forma humana. Los griegos se fundaban en que lo más perfecto que había en el mundo era el hombre, y en consecuencia el que más se acercaba a la naturaleza perfecta de los dioses. Al principio, estos simulacros eran de madera. Después se empleó el barro y luego se esculpieron en mármol y se fabricaron de marfil, plata y oro. Todas estas estatuas llevaban coronas hecha de la materia más agradable, a cada divinidad; así, los ríos llevaban coronas de cañas. Los romanos consagraban las estatuas de los dioses de ciertas ceremonias, y creían que después tras esto, pasaban a habitarlas. Ver, Estatuas.
 
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