Taranis
o Sucellus o Taran. En la mitología celta, era el dios estruendoso del trueno, la luz y el cielo en su principio activo, el rayo y el fuego activo, la rueda cósmica que simboliza el ritmo de las noches y de los días, el universo en su globalidad, la noción de infinito. Representa el ruido, la destrucción, la fuerza sobrenatural de las tormentas. Era un dios temido, cuyo culto se extendía por la Galia, Asturias y parte de Bretaña. Su nombre refleja todo ese simbolismo, protector de la tribu y dios guerrero, representado como un hombre con barba a pie o montado caballo, portando en una mano un rayo o una rueda, o en ocasiones ambas cosas. Formaba parte de la tríada llamada "dioses de la noche" junto a Esus, dios o señor de los árboles, y Teutates, dios guerrero. Al igual que su compañero Teutates, también simbolizaba la lucha. Los druidas le dedicaban sacrificios para calmarlo, ya que sus creencias atribuían a Taranis las tempestades y las tormentas, pudiendo "hacer caer el cielo sobre sus cabezas". Se le relaciona con Thor, por su similitud con los poderes del rayo y el trueno, identificándole los romanos con Júpiter. Según Luciano (Farsalia, I), a Taran se sacrificaban víctimas humanas. Ver, Nantosuelta.

