Tántalo
Tántalo pasa generalmente por ser hijo de Zeus y de Pluto, hija ésta de Crono o incluso de Atlante. Reinaba en Frigia, o en Lidia, en el monte Sípilo. Era muy rico y amado por los dioses, que lo admitían en sus festines. Se había casado con una de las hijas de Atlante, la pléyade Dione. Pero se le conocía también otra esposa, Eurianasa, hija del dios-río Pactolo. Ciertos mitógrafos mencionan también a Clitia, hija de Anfidamante, y a Estérope, otra pléyade. Sus hijos son Pélope y Níobe, a los cuales se añaden a veces Bróteas, Dáscilo y otros varios. De él, por mediación de Pélope, descienden los Tantálidas Tiestes, Atreo y, finalmente, Agamenón y Menelao. Las acciones que le atribuyen los autores a través de su vida son bastante insignificantes. Habría sido perjuro por no entregar a Hermes el perro de Zeus, que le había confiado Pandáreo. Este crimen le habría valido la cólera de Zeus, y Tántalo habría sido encerrado en el monte Sípilo antes de ser precipitado en los Infiernos. Otra aventura lo ponía en relación con Ilo, fundador de la primera Troya. Parece ser que Ilo lo expulsó de Asia Menor después de las desgracias de su hija Níobe. Finalmente, otro episodio lo presenta como el raptor de Ganimedes. Tántalo es célebre en la mitología sobre todo por el castigo que hubo de sufrir en los Infiernos, del cual ya se da una descripción en la Odisea, en el "Descenso a los Infiernos", uno de los pasajes más recientes del poema. Sin embargo, los autores no estaban de acuerdo sobre el motivo del castigo. Se le culpaba de orgullo: invitado por los dioses a su mesa, habría revelado a los hombres los divinos secretos de los que se había hablado libremente en su presencia. O bien habría sustraído néctar y ambrosía durante los banquetes, para dárselos a sus amigos mortales. Sobre otra acusación, ver, Pélope. Como Licaón, parece que Tántalo inmoló a su hijo para servirlo como plato a los dioses. Sea cual fuere su falta, su castigo es memorable. Pero incluso este castigo se cuenta de diversos modos. A veces se decía que estaba en los Infiernos colocado bajo una enorme piedra siempre a punto de caer, pero que se mantenía en eterno equilibrio. También se decía que su suplicio consistía en un hambre y sed eternas: sumergido en agua hasta el cuello, no podía beber porque el líquido retrocedía cada vez que él trataba de introducir en él la boca, y una rama cargada de frutos pendía sobre su cabeza, pero si levantaba el brazo, la rama se levantaba bruscamente y se ponía fuera de su alcance.

