Antonio

Marco (Marcus Antonius) (83-30 a.C.). Fue el Marco Antonio de la historia y la literatura. Hijo mayor de Antonio, Marco (el Crético) y de Julia, hija de César, Lucio Julio, el cónsul del año 90 a.C.. Tras la muerte temprana de su padre, se crió en la casa de Léntulo Sura, Publio Cornelio, que le adoptó y se casó con su madre Julia. Tras una juventud de disipación, sirvió distinguidamente como jefe de la caballería bajo Gabinio, Aulo en Palestina y Egipto, y en el 54 se unió al personal de Julio César en la Galia, siendo elegido cuestor en el 51 gracias a la influencia de César. A excepción de una breve estancia en Roma, Antonio permaneció con César hasta el año 50. En el 49 fue tribuno de la plebe y defendió los intereses de César en Roma mientras pudo. Vetó el decreto que habría privado a César de su mando, pero cuando fue aprobada la "resolución extrema del Senado" (senatus consultum ultimum) por el Senado, huyó para reunirse con César en su campamento en la Galia Cisalpina. Se sirvió de sus prerrogativas como tribuno para anular algunas de las medidas de Pompeyo contra los sobornos y fue dejado por César al mando de Italia durante su última campaña en Hispania. Estuvo en el 48 con las fuerzas de César en Grecia y dirigió el ala izquierda del ejército en la batalla de Farsalia, donde Pompeyo fue derrotado. Fue enviado de vuelta a Italia como jefe de la caballería (magister equitum). Actuó enérgicamente aplastando los motines comenzados por Rufo, Marco Celio y Milón para obtener la cancelación de las deudas. No desempeñó ningún otro cargo hasta su consulado con César en el 44, cuando ofreció a este una corona durante el festival de las Lupercales en febrero. Tras el asesinato de César el 15 de marzo, fue prudente y cauteloso. Obtuvo los documentos de César de su viuda Calpurnia y en su discurso en el funeral, cinco días después, reveló la voluntad de César al populacho, fue moderado en su tono, pero ordenó la incineración del cadáver en el foro y la huida de los conspiradores. César había adoptado en su testamento a su sobrino nieto Octavio, Gayo (Augusto), que se convirtió en el rival de Antonio por el liderazgo del partido cesariano. Antonio se aseguró el apoyo de un ejército irregular y del pueblo, que votó una ley otorgándole el gobierno de la Galia durante cinco años. Casi a finales de año, Antonio marchó a su provincia, pero Bruto, Décimo Junio, uno de los asesinos de César, a quien este le había prometido aquella provincia, estaba ya en la Galia Cisalpina y tenía en su poder la ciudad de Mutina (Módena). Antonio lo sitió allí hasta que fue atacado por una coalición dirigida por Octavio y los cónsules Aulo Hircio y Vibio Pansa, a los que el Senado había enviado para tratar con Antonio, ahora declarado enemigo público gracias a la elocuencia de Cicerón, que pronunció contra Antonio sus Catorce Filípicas (44-43), llamadas así por su analogía con las de Demóstenes. Antonio fue derrotado en abril del 43 y se retiró al otro lado de los Alpes; pero ambos cónsules habían muerto en la batalla, y el Senado se volvió contra Octavio, que se alió con Antonio. Tras una entrevista en la Galia, los cesarianos aprobaron una ley (Lex Titia) en noviembre del 43 por la cual Antonio, Octavio y Lépido fueron nombrados triunviros, es decir, un grupo constituido excepcionalmente con poderes dictatoriales para asegurar la estabilidad del Estado durante cinco años. Llevaron a cabo una proscripción de sus enemigos, incluyendo a Cicerón, que había ofendido mortalmente a Antonio en el 63 al ejecutar a su padrastro Léntulo y en el 44 con sus Filípicas. Antonio y Octavio aplastaron a las tropas de los republicanos en la batalla de Filipos (42) en Macedonia, en la que cayeron Bruto y Casio. De acuerdo con sus colegas, Antonio fue a organizar la parte oriental del imperio. En Tarso, Cilicia, se encontró en el 41 con la reina de Egipto, Cleopatra VII, a quien siguió a Egipto para pasar el invierno con ella. Antonio tuvo entonces que volver a Italia: su mujer Fulvia y su hermano Lucio habían sido derrotados en Perusia (Perugia) en una guerra contra Octavio, y Fulvia murió tras escapar a Grecia. Se llegó a un nuevo acuerdo entre los triunviros en Brundisium (Brindisi), en el sur de Italia, por el cual Antonio entregaba la Galia a Octavio, que ya la había ocupado, y se casaba con la hermana de este, Octavia. Antonio permaneció en Italia hasta el 39, cuando los triunviros llegaron a un acuerdo en Miseno con Pompeyo Magno Pío, Sexto. Antonio volvió entonces al este con Octavia, pasando la mayor parte del tiempo en Atenas. Su general Ventidio venció dos veces, en el 39 y 38, a los partos que se habían aprovechado de la debilidad romana para invadir Siria. En el 37 hizo su última visita a Italia, encontrándose con sus colegas en Tarento; el triunvirato fue renovado por cinco años más. En Córcega, enfadado y frustrado por Octavio, Antonio envió a su mujer de vuelta a Italia. Volvió a Antioquía, reanudó su relación con Cleopatra y nombró a Herodes el Grande, rey de Judea. Fortaleció de este modo la base de su poder, aunque esperaba recibir tropas de refuerzo de Italia. En el 36 invadió Partia, pero sufrió una desastrosa derrota. La eliminación de Pompeyo y de Lépido de la escena subrayó la creciente rivalidad entre Antonio y Octavio. En el 35, Octavia fue al este con una pequeña parte de las tropas que Antonio estaba esperando y este se negó a encontrarse con ella. En el 34 se apoderó de Armenia y llevó a su rey Artavasdes II de vuelta a Alejandría como prisionero; celebró un triunfo y una ceremonia en la que proclamó la ampliación de las fronteras egipcias dentro del territorio romano. Había roto abiertamente con Octavio, quien se sirvió de toda la fuerza de su maquinaria propagandística contra Antonio. Muchos antiguos republicanos se pusieron ahora del lado de Octavio, y en el 33 hubo airados intercambios. En el 32, Antonio se divorció oficialmente de Octavia, y Octavio se apoderó del testamento de Antonio depositado con las vírgenes vestales y lo publicó. Este testamento favorecía a los hijos tenidos con Cleopatra y en él Antonio pedía ser enterrado en Alejandría. Octavio se sintió ya justificado para declarar la guerra a Egipto. Se retiraron los poderes que le quedaban a Antonio. La flota egipcia partió hacia el oeste y se encontró con la flota de Octavio en el promontorio de Accio. Muchos de los seguidores de Antonio le habían abandonado por temor al poder de Cleopatra. Tras muchos meses de demora, Antonio fue vencido decisivamente en una batalla naval en Accio, en septiembre del 31, gracias a la pericia de Agripa en el mando de la flota octaviana. Cleopatra pudo huir con sus naves a Egipto, a donde se dirigió Antonio tras la derrota. El resto de su flota y de su ejército se unieron a Octavio, que ahora llegó a controlar la fuerza de unas 50 legiones. Todavía Antonio intentó con la ayuda de Egipto hacer frente a su rival, Octavio, quien debió regresar a Roma para tranquilizar con nuevas promesas a los veteranos. En agosto del 30, Octavio entraba en Alejandría después de haber ganado a su causa Grecia y las provincias orientales. Ante la negativa de éste de establecer un acuerdo con sus adversarios con el fin de retener solamente Egipto bajo su dominio, Antonio, ante la noticia de la sospechosa muerte de Cleopatra en sus aposentos, prefirió quitarse la vida antes que convertirse en "triunfo vivo" de Octavio como sucedió luego a sus hijos, que fueron trasladados a Roma para recibir educación adecuada. Ese mismo año Egipto sería convertido en una nueva provincia romana. Antonio fue un gran general, pero algo impetuoso, y no pudo competir en diplomacia con la firme sangre fría de Octavio. Tuvo cinco hijos legítimos y fue el antepasado de tres emperadores a través de sus hijas.
 
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