Ulaca
Poblado fortificado de la Edad del Hierro conocido con el nombre de El Castillo o "Ciudad de Ulaca". Domina todo el valle de Amblés desde el sur, en la sierra de la Paramera a 1.500 m de altitud, por tanto en las primeras estribaciones septentrionales de Gredos. El oppidum se halla rodeado por una gruesa muralla que encierra una superficie más o menos ovalada de unas 60 Ha. Ello le convierte en el núcleo vettón más grande de la comarca y en uno de los mayores conocidos en la lberia céltica. En el interior, en la extensa meseta que ocupa la cumbre del cerro, se advierten las cimentaciones en piedra de casas de planta cuadrada y rectangular, y otras estructuras de compartimentación compleja. Varios manantiales brotan en lugares próximos a la cumbre y al pie del cerro. De uno de ellos, conocido con el expresivo nombre de "Fuente del Oso", procede un gran toro de granito de más de 2 m de longitud, que hoy se conserva en la plaza de Solosancho. Otros dos toros semejantes, pero algo más pequeños, se conocen en las inmediaciones de Villaviciosa, que hay que relacionar necesariamente con el poblado prerromano. Además, existen referencias de una necrópolis de incineración destruida por el arado. Los datos son muy imprecisos, pero podrían ponerse en relación con un área extensa de vestigios cerámicos que afloran en superficie al pie del yacimiento. Aunque el poblado fortificado se adscribe sin problemas a la Segunda Edad del Hierro, algunos testimonios dan cuenta de una ocupación previa, y tal vez más esporádica, en el Bronce Pleno-Final. Er tal sentido podrían citarse algunos brazaletes peanulares de bronce una ajorca de oro. Como prácticamente no hay vestigios romanos, sí parece verosímil que la ciudad se despoblase cuando estos colonizan el territorio. En Ulaca faltan excavaciones extensas, pero se vislumbra bastante bien la organización de algunas plantas y calles. Se han reconocido cerca de 250 viviendas repartidas en varios sectores del cerro: habitaciones de planta cuadrada y rectangular al norte, construcciones de aparejo ciclópeo en la mitad sur y viviendas más modestas dispersas por todo el poblado. Este cómputo puede superar ampliamente el número de trescientas si valoramos el hábitat que se extiende fuera de las murallas, al noreste del recinto fortificado. La existencia de casas extramuros permite suponer, además, que el recinto amurallado no implicaba una situación de peligro e inestabilidad permanente; en los momentos de conflicto la población podría refugiarse dentro del poblado, ya que existiría espacio libre suficiente para todos. En general, la conservación de las ruinas es óptima, pudiéndose delimitar las características generales de la planta, compartimentación interna y puertas de acceso. Un perímetro de más de 3.000 m rodea el asentamiento, aprovechando en lo posible la roca natural y abarcando un área intramuros de gran extensión, entre 60 y 70 Ha. El tamaño del poblado podría ampliarse si consideramos el promontorio rocoso del noreste, fuera del recinto amurallado pero con hábitat estable. La muralla se adapta bien a la morfología del terreno, es de gran aparejo en lienzos y torreones, y en las puertas, visibles varias de ellas, se hace casi ciclópeo por la utilización de enormes sillares. Tres grandes obras labradas en piedra destacan por su interés, situadas en el sector centro-occidental del poblado, relativamente apartadas de las concentraciones de casas, lo que ya es significativo de por sí, y no muy distantes unas de otras. La primera y más importante, que nombran "Santuario" o "Altar de Sacrificios", ofrece una estancia rectangular tallada en la roca (16 x 8 m), asociada a una gran peña, en la que una doble escalera conduce a una plataforma con dos concavidades comunicadas entre sí. Una de ellas vertía en una tercera, la cual comunica a su vez con la parte inferior de la peña a través de un canal. La sacralidad del monumento es posible establecerla a partir de una serie de testimonios literarios y epigráficos, que encuentran en el santuario portugués a cielo abierto de Panoias, en Vila Real, una de sus expresiones más claras: además de las peñas talladas, cuya parte superior ha sido allanada para albergar diversas cavidades, el sitio ofrece inscripciones latinas que nos informan sobre los sacrificios realizados. De una de las inscripciones se deduce que el sacrificio tenía lugar en un edificio que coronaba la construcción. Mientras, las entrañas de las víctimas se quemaban en unos nichos o cubetas y la sangre vertía en otros similares, al tiempo que se rendía culto a las divinidades, algunas de ellas indígenas. Por tanto, el sacrificio comprendía varias fases y en lugares distintos; se trata de un ritual de iniciación que ofrece un orden y un itinerario determinado, que forzosamente hay que relacionar con la variada morfología de estos monumentos. A 140 m de distancia en línea recta se emplaza el monumento conocido como la "Fragua". Es una construcción semihipogea de planta rectangular y 6,4 m de longitud, dividida en tres habitaciones a modo de antecámara, cámara y horno. Tradicionalmente valorada como un horno metalúrgico, se propone también su uso termal, en relación con baños iniciáticos, a partir de los paralelos documentados en las saunas o "pedras formosas" de la Cultura Castreña del noroeste. Estructuras de función semejante se conocen en la protohistoria europea de ámbito atlántico, nórdico y céltico, así como en el mundo grecorromano. Su asociación al agua, al vapor y al fuego en lugares hipogeos, así como un conocido texto de Estrabón alusivo al desarrollo de estas actividades entre las poblaciones del Duero, podrían relacionarlo con ritos de iniciación de cofradías de guerreros: "De algunos de los pueblos que viven en las inmediaciones del Duero se dice que viven a la manera espartana, ungiéndose dos veces con grasas y bañándose de sudor obtenido con piedras candentes, bañándose en agua fría y tomando una vez al día alimentos puros y simples" (Estrabón). Lo mismo sucedía entre las poblaciones escitas y galoromanas, que mantenían una importante tradición de baños de vapor y que llamaron la atención de Heródoto y Sidón Apolinar. Por lo tanto, en Ulaca contaríamos con la evidencia de una zona "religiosa" o nemeton en el sector más elevado del yacimiento, relativamente apartada de las concentraciones de casas. Formarían parte las estructuras labradas en piedra del "altar de sacrificios" y la sauna ritual. De esta última se ha podido documentar un recinto murado que la rodea, de 32 x 24 m, lo que avala todavía más su monumentalidad. Ruinas de otro importante edificio, que nombran "la Iglesia' o "el Torreón", se encuentran bajando más hacia el Sur. Se trata de un edificio de gran aparejo y planta subrectangular (14 x 10 m), delimitado por un recinto murado (70 x 48 m) con doble paramento de grandes piedras. Podría haber servido de atalaya defensiva, al controlar desde la vaguada sur de la ciudad una gran extensión del área habitada, pero la ausencia de excavación impide una interpretación más precisa, habiéndose sugerido también un uso público. En las proximidades se localizan otras construcciones ciclópeas y, a escasos metros del lugar, siguiendo la pendiente, una gran fuente. Este último dato puede ser interesante en relación con la organización del espacio y el uso de agua en los ritos de tradición céltica. Quedaría así abierta la posibilidad de que existiera una divinidad de las aguas relacionada con la población del oppidum. La estructura visible de las viviendas y los monumentos rupestres se complementa con los materiales recogidos en superficie. El muestreo se refiere a la localización de cerámicas mayoritariamente a torno y de formas abiertas. Entre las decoradas destacamos las especies pintadas de estilo celtibérico y algunos fragmentos estampillados, análogos a otros documentados en la Mesa de Miranda, Las Cogotas y el Raso de Candeleda. También, como perteneciente al oppidum, aunque desconocemos sus características, debemos considerar el hallazgo de cerámicas campanienses. En el equipamiento doméstico destacamos otros elementos, como los molinos circulares, restos metálicos de bronce y hierro y cuentas de pasta vítrea azul, alguna de ellas oculada. Capítulo aparte son las tres diademas de oro procedentes de los alrededores de Ulaca, conservadas en una colección particular. La prospección del hábitat proporcionó dos hallazgos singulares. Por un lado, unas canteras de extracción de bloques de granito y, por otro, una cueva, más exactamente una grieta en el sustrato granítico de la base del cerro. Aunque las zonas de cantera, en los sectores oeste y suroeste del recinto principal, son perfectamente visibles, nunca se ha hecho referencia a estos elementos en el poblado. Las grandes planchas de granito se aprovecharon siguiendo las vetas y fracturas naturales, rompiendo con cuñas bloques de dimensiones más o menos regulares, entre 60 y 120 cm de longitud. Los agujeros definen líneas de cortado a intervalos de 28 y 36 cm. Es posible medir los bloques terminados y no transportados, los bloques grandes todavía sin trocear y los bloques sólo esbozados mediante los agujeros para trabajar con las cuñas en su extracción. La cantera oeste debió destinarse a la obtención de material constructivo para las viviendas, mientras que la del ángulo suroeste, muy próxima a la muralla, parece estar más relacionada con la elaboración de grandes sillares para la construcción del sistema defensivo. Aunque la referencia a una cueva en Ulaca parece tener una larga tradición, lo cierto es que nadie había proporcionado noticias concretas sobre ella. Así encontramos la grieta, que ella ya conocía, en las estribaciones de la ladera norte de Ulaca y casi en vertical con la situación del famoso "altar". Se trata de una pequeña grieta de difícil y angosto acceso en la que, al parecer, se encontraron algunas cerámicas. Al margen de las historias locales sobre la idea de que la cueva atraviesa toda la montaña y al posible hallazgo de materiales protohistóricos, sí hay un hecho de gran interés para el estudio de Ulaca: la existencia de una cavidad bajo el oppidum. La importancia ideológica de la organización del espacio urbano en el mundo céltico, el concepto de mundus y las ideas onfálicas han sido subrayadas en alguna ocasión. El estudio de la localización exacta de la cueva, su relación con el área "sacra" del oppidum y su simbolismo ctónico arrojarán sin duda más luz sobre la interpretación del conjunto. Hoy, a unos 3 km al sureste de Solosancho, provincia de Ávila, comunidad autónoma de Castilla y León, España. Ver, Vettonia.

