TORREVIEJA

Asentamiento localizado sobre un cerro del Mioceno Superior, con una altitud máxima de 195,90 m, entre las comarcas gaditanas mas serranas y las campiñas. El marco geográfico es la depresión media-alta de formación neógena del Guadalete, anexo meridional de la cuenca del Guadalquivir, localizada al Noroeste de las sierras subbéticas de Grazalema/Ronda. Torrevieja es un asentamiento con una extensión de aproximadamente 6 Ha y magnífica situación estratégica, debido a su posición geográfica entre el Guadalete y sus afluentes, los arroyos Serracín y del Judio, y su dominio visual del entorno circundante, en una auténtica encrucijada que conecta las campiñas de la margen izquierda del Guadalquivir con la Serranía, así como las tierras de Cádiz y Málaga. Estas características estratégicas también motivaron su elección como asiento originario de Villamartin en 1503, que fue extendiéndose progresivamente por las vertientes de mejor acceso, lo que explica la disposición urbanística actual, perdurando el topónimo de Torrevieja como recuerdo del núcleo originario. Este yacimiento es testimonio del poblamiento humano en este área de Andalucía desde el II milenio antes de Cristo hasta el siglo XVI de nuestra era. La ocupación turdetana se desarrolló en diferentes niveles, relacionados con un potente muro que, por su situación topográfica, pertenecía a una estructura defensiva. Asimismo, permitían fijar el final del asentamiento con un nivel de abandono con ánforas semicompletas apoyadas contra un muro, en principio fechable en el siglo III. Con respecto a la ocupación turdetana, en el área de excavación localizada sobre la plataforma superior del cerro se detectaron zócalos realizados con mampuestos de tamaño heterogéneo en caliza y arenisca, unidos con arcilla -en algunos casos con indicios de transformación-, llegando en ocasiones a estar formateados como sillarejos. Estas cimentaciones constituyen paramentos perpendiculares que corresponden a parte de una o varias estructuras de vivienda. Los alzados construidos con adobes se han registrado derrumbados en el interior de estos espacios. Junto a uno de los muros principales había un ánfora completa y un cuenco-lucerna, sobre un área pavimentada inmediata a los restos de un hogar. Las fosas medievales impiden profundizar sobre el carácter de estas estructuras y la planificación urbanística o distribución de las viviendas ibero-turdetanas de Torrevieja, hasta que se continúe la excavación arqueológica con la extensión del frente de trabajo. Debido a una mayor incidencia de los trabajos en los niveles ibéricos, las cerámicas turdetanas constituyen el conjunto más numeroso. Es destacable su amplio repertorio formal, estando representados prácticamente todos los tipos genuinamente ibéricos: ánforas, vasos, kalathos, platos, cuencos, cuencos carenados, vasos caliciformes, cuencos-lucerna, lebrillos, morteros, botellas y tonel, forma poco común en este marco geográfico. El enmarque cronológico del asentamiento urbano ibero-turdetano de Torrevieja puede realizarse a partir del análisis de ánforas y cerámicas pintadas, que ofrecerían un marco cronológico entre el siglo VI y III a.C. No obstante, la excavación ha aportado materiales arqueológicos de importación, como cerámicas de barniz negro y de figuras rojas, que se fechan entre el último cuarto del siglo V y la primera mitad del IV a.C.; y también otros objetos, como una figurilla con la cabeza de Isis o un fragmento de amphoriskoi para perfumes del primer cuarto del siglo V, realizados en pasta vítrea. La siguiente ocupación en antigüedad corresponde a un poblado de época tartésica orientalizante. A través de la interpretación de los datos de excavación pueden extraerse algunas conclusiones preliminares sobre la distribución funcional de los espacios en el poblado tartésico. En la vertiente sur de la ladera se detectaron fondos de cabaña de forma sensiblemente circular. En la plataforma superior de Torrevieja se estudiaron numerosos silos de forma acampanada o cilíndrica, excavados en el terreno geológico, en una zona donde éste era de naturaleza margo-caliza. El asentamiento se caracteriza por la coexistencia de producciones cerámicas de carácter indígena tartésico y cerámicas fenicias. En las producciones cuidadas, con una funcionalidad relacionada con el consumo, el tipo más característico es la cazuela carenada. En Torrevieja nos encontramos con un conjunto evolucionado, de carenas suaves y bordes engrosados. No están representados en una proporción amplia los ejemplares que portan decoración de retícula bruñida. Otras formas son las copas o recipientes para la bebida. Cerámicas cuidadas de mayor tamaño y con funciones de almacenamiento restringido son los cuencos profundos de borde engrosado y los vasos de cuerpo bicónico con superficies muy bruñidas. Las cerámicas tartésicas con tratamiento grosero más distintivas, destinadas fundamentalmente a almacenamiento, son los grandes y altos recipientes con el tercio superior abocinado. Su peculiaridad es el acabado alisado en la zona alta, y tosco (intencionado) mediante cepillado o raspado en el tercio inferior; menos frecuentes son decoraciones mixtas de incisión, bruñido y pintura. En este grupo se incluyen tipos poco trecuentes, como un cuenco con pie o un pequeño cuenco con mango a modo de cucharón. En las cerámicas fenicias se aislan dos conjuntos, uno destinado a la apertura del mercado y dirigido a una clientela de alto poder adquisitivo, como presentes introductorios, productos de lujo como pithoi tipo "Cruz del Negro", oinochoe de barniz rojo, o también los primeros tipos de ánforas fenicias, contenedores de productos de lujo como aceite o vino. Otras producciones incluidas entre los bienes de prestigio son los fragmentos de recipientes de alabastro y de vasos cerámicos con motivos figurativos orientalizantes. El otro conjunto serían las producciones que trataban de acaparar el mercado indígena, acomodando las mercancías a los gustos formales y decorativos indígenas. En Torrevieja se encuentran cerámicas a torno de barniz rojo y en pasta gris que decoran sus interiores mediante retícula bruñida; o bien cerámicas en pasta gris con acabados que recuerdan el aspecto metálico de las bruñidas tartésicas o formas como soportes de carrete. También habría que incluir las evoluciones formales de pithos fabricados en talleres locales, y desde luego los diversos tipos de ánforas como materialización de la expansión comercial fenicia. A partir del análisis preliminar, puede concluirse que el asentamiento tartésico de Torrevieja, constituido por fondos de cabaña y posiblemente ya entonces amurallado, tendría una datación que oscilaría entre el último cuarto del siglo VIII y la primera mitad del VII a.C.. Hoy, Villamartín, provincia de Cádiz, comunidad autónoma de Andalucía, España.
 
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