Alcioneo

La leyenda cita a otro Alcioneo, un joven de Delfos dotado de gran belleza y costumbres ejemplares. Había en aquel tiempo en las laderas del monte Cirfis, que se alza cerca de Delfos, una gruta, morada de un monstruo llamado Lamia o Síbaris. Este monstruo salía de su antro para robar en los campos vecinos personas y ganados. Los habitantes consultaron al oráculo con objeto de saber la manera de librarse de esta plaga. Apolo ordenó que sacrificasen a la fiera un joven de la localidad. La suerte designó a Alcioneo. Los sacerdotes lo coronaron y fue conducido en procesión hacia la cueva del monstruo. En el camino surgió Euríbates, hijo de Eufemo, un mozo noble de la estirpe del río Axio. Al ver que llevaban a un joven, preguntó el motivo de la ceremonia, y cuando se enteró de que era conducido al sacrificio, prendado súbitamente de Alcioneo y no pudiendo libertarlo por la fuerza, pidió que lo pusiesen en su lugar. Los sacerdotes consintieron en ello y, coronándole, lo condujeron a la fiera. Llegado ante la cueva, penetró valerosamente en ella y, cogiendo a Lamia, la arrastró a la luz del día, arrojándola con fuerza contra las rocas, donde se fracturó la cabeza. Entonces desapareció la bestia, y en su lugar brotó una fuente, que recibió el nombre de Síbaris. Este manantial dio luego nombre a la ciudad que los locrios fundaron en Italia. Ver, Lamia.
 
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