Altea
Altea, hija de Testio, es la esposa de Eneo, rey de Calidón, y madre de Toxeo, Tireo, Clímeno, Meleagro y dos hijas, Deyanira y Gorge. Cuando su hijo Meleagro cumplió siete días, las Moiras, que son las Hadas del Destino, fueron en su busca y le predijeron que el niño moriría si el tizón que en aquellos momentos ardía en el hogar se consumía del todo. Inmediatamente, Altea lo cogió y, después de apagarlo, lo escondió en un arca. Según otras tradiciones, este tizón mágico era una rama de olivo que Altea habría parido junto con su hijo. En cierta ocasión en que el rey sacrificaba a los dioses se olvidó de Diana, la cual indignada envió un monstruoso jabalí para que destruyese los campos de Calidón. Eneo reunió a todos los jóvenes del país y dándoles por jefe a Meleagro les mandó que persiguieran a la fiera. En efecto, Meleagro consiguió matar al jabalí y presentó la cabeza a Atalanta, hija del rey de Arcadia, a la cual la había prometido. Los tíos de Meleagro, que pretendían tener derecho de preferencia al honor que se había dispensado a la princesa, intentaron arrancar de su poder la cabeza que el joven Meleagro había puesto en sus manos; pero este príncipe, indignado de su audacia, los mató. Viendo Altea con dolor el trágico fin de sus hermanos y olvidándose del amor de madre, irritada, sacrificó su hijo a las Furias, arrojando al fuego el fatal tizón del cual dependía el destino de Meleagro. En efecto, a medida que el fuego iba consumiendo el madero, el joven príncipe sentía debilitar sus fuerzas, hasta que por fin perdió la vida en medio de los más crueles dolores luego que el tizón fue consumido. Altea no tardó en arrepentirse de su crueldad, pues apenas vio el trágico fin de su hijo, se entregó a la mayor desesperación y por último cogió un puñal y se lo clavó en el pecho o según otras versiones se ahorcó. Contábase a veces que el padre de los dos hijos de Altea no era en realidad Eneo, sino dos divinidades: Meleagro habría sido hijo de Ares, y Deyanira, de Dioniso. Éste se habría enamorado de Altea, y Eneo, al darse cuenta, le habría prestado su esposa. En agradecimiento, el dios le habría dado una viña y enseñado a cultivarla y utilizarla (Ver, Eneo).

