Anio
Anio es un hijo de Apolo que reinaba en Delos en tiempos de la guerra de Troya. Su madre se llamaba Reo (la Granada), y por el padre de ésta, Estáfilo (el Racimo), descendía de Dioniso. Al darse cuenta Estáfilo de la preñez de su hija, y no creyendo que el responsable fuese Apolo, sino un amante vulgar, mandó encerrar a la joven en un cofre y abandonarla en el mar, a la deriva. El cofre fue a encallar en las costas de Eubea. Una vez el niño hubo nacido, Apolo lo transportó, junto con su madre, a la isla sagrada de Delos, confiriéndole la soberanía sobre ella. Al mismo tiempo, le otorgó el don de la profecía (Ver, Reo). Con Doripe, Anio tuvo tres hijas, llamadas las Viñadoras: Elais, Espermo y Eno, cuyos nombres recordaban, respectivamente, los del aceite, el trigo y el vino. Las tres doncellas habían recibido de su abuelo Dioniso el poder de hacer brotar del suelo aquellos productos. Cuéntase que su padre ofreció sus servicios a los griegos al partir para Troya, pues sabía, por sus dotes proféticas, que aquella guerra duraría diez años. Al principio, los griegos se negaron a recurrir a las tres hermanas, pero, al ver que la campaña se prolongaba más de lo que habían creído, Agamenón envió a Ulises y Menelao a buscarlas a Delos para encomendarles la misión de avituallar al ejército. Acudieron ellas de buen grado, pero luego, cansadas, escaparon. Perseguidas por los griegos, suplicaron a Dioniso que las protegiese, y él las transformó en palomas. Por esto en la isla de Delos estaba prohibido matar a estos animales. La leyenda de Anio no figura en los poemas homéricos; aparece únicamente en los "Poemas Cíclicos", y se ha desarrollado en la época helenística. Acerca de Anio, padre de Lavinia, véase este nombre.

