Literatura ramésida
Aunque la lengua egipcia fue muy pobre en vocabulario filosófico, sí fue extraordinariamente rica en evidenciar las imágenes de la vida, gracias a la riqueza gráfica de sus signos jeroglíficos. Con ellos se elaboró una interesante literatura que tuvo también su cultivo, aunque no su Edad de Oro, en la época ramésida. Dejando a un lado las inscripciones históricas (literatura epigráfica) y determinados textos funerarios (Libros religiosos y del Más Allá), en tal época se redactaron diferentes himnos que conocieron un gran éxito. Hay que recordar los himnos dedicados a Hapy (el Nilo) y a Amón, ambos de sentida expresividad. A ellos se les debe sumar los himnos dedicados a los reyes, verdaderos homenajes a su persona y reinado, puestos, curiosamente, a veces, en boca de los propios dioses. Así, el Himno de la diosa Neith dirigido a Merenptah. No faltaron tampoco cantos dedicados a las más importantes ciudades, como Abidos, por citar un ejemplo. Ahora se conocería el género de la letanía, consistente en el recitado de los nombres, incluso los de carácter secreto, de las divinidades. La más célebre de las letanías es la conocida como Letanía de Ra, que apareció por primera vez en la tumba de Sethi I y que luego sería copiada en las sepulturas de otros ramésidas (Ramsés II, Ramsés III, Ramsés IV y Ramsés IX). De más empaque literario fueron las leyendas que tenían por finalidad averiguar el nombre de los dioses (Leyenda de Ra y de Isis), plantear problemas de tipo moralista (Leyenda de la Vaca del cielo y el nuevo universo) o bien servir de entretenimiento (Leyenda de la destrucción de la humanidad). Por encima de tales textos, los egipcios supieron continuar en la época ramésida con la elaboración de cuentos, de alta calidad literaria, que bajo un argumento sencillo encerraban significados profundos. Podemos recordar EI Príncipe predestinado, de ribetes maravillosos; La verdad y la Mentira, de claro simbolismo moralizante en torno a dos hermanos, y, sobre todo, el magnífico cuento mítico de Los dos hermanos, que narraba las aventuras de Anup y Bata. También la época ramésida supo elaborar poemas, fundamentalmente de carácter amoroso, en los que primaban sobre todo las imágenes literarias, el lirismo y una refinada sensualidad. Tales poemas nos han llegado en papiros o sobre ostraca y, según algunos egiptólogos, estaban destinados a ser recitados con acompañamiento musical de flautas y arpas. También se ha señalado que algunos de ellos influyeron en el Cantar de los Cantares de Salomón.

