Púrpura
Tinte muy costoso que preparaban los antiguos, con una secreción natural de varias especies del molusco marino homónimo o de otros afines. Según la leyenda fue descubierta por el perro de un pastor, que al jugar con una concha se manchó el hocico. Desde las más antiguas civilizaciones, miles de plantas han sido empleadas en todo el mundo como tinte. En cambio, sólo se conoce una quincena de crustáceos de púrpura utilizadas por los pueblos ribereños de diversos mares y océanos del globo. Esa escasez (agravada por las ínfimas cantidades de materias colorantes extraídas de cada uno de estos pequeños animales), unida a la belleza y consistencia de los colores que que proporciona, confirió a estos tintes el enorme prestigio que gozaron en las grandes civilizaciones mediterráneas. A comienzos de nuestra era, hubo gentes que murieron por haber osado usar determinados tipos de púrpura, reservados a los emperadores de Roma, más tarde de Bizancio, y a parte de su entorno. La belleza y la solidez de estos tintes, que proporcionaban toda la gama del violeta, no justifican por sí solas tamaño entusiasmo. En el fenómeno debe considerarse, también, la ostentación de poder y de riqueza y la antiquísima pasión del hombre por los colores (sobre todo, por los más difíciles de obtener) así como su voluntad de explotar al máximo todos los recursos ofrecidos por la naturaleza en este terreno. El valor simbólico de este tinte obtenido a costa del sacrificio de millones de caracoles, junto con los sorprendentes cambios de color sufridos durante el proceso de elaboración, cuando pasa del verde al violeta oscuro por la acción de la luz, también contribuyen a explicar la persistente fascinación de que es objeto. En efecto, las sustancias que producen el colorante púrpura mediante su exposición a la luz y al oxígeno del aire están contenidas en una minúscula glándula del animal situada cerca de la apertura de la concha. Las investigaciones sobre la química de la púrpura realizadas a comienzos del siglo XX revelaron que se necesitaba sacrificar a 10.000 moluscos (del género murex) para obtener un gramo de púrpura pura, que se presentaba bajo la forma de un polvo violeta insoluble. Ningún tinte natural ha sido al mismo tiempo tan célebre, tan desconocido y tan caro como la púrpura. Los tejidos teñidos de púrpura se vendían al precio de la plata y, más tarde, del oro. Precio, fama y misterio dieron a la púrpura un carácter casi sagrado, hasta el punto de que Nerón, Diocleciano y Teodosio, emperadores de Roma y de Bizancio, se reservaban el derecho de lucir las más prestigiosas clases de púrpura bajo pena de muerte. Así, en el año 40 de nuestra era, Calígula mandó asesinar a Juba III Ptolomeo (Ver, Ptolomeo el mauritano), rey de Mauritania, "simplemente porque vio que, al entrar en el anfiteatro en el que él mismo ofrecía un espectáculo, atrajo todas las miradas por el resplandor de su manto púrpura". En definitiva, en pleno apogeo de la púrpura, verdadera locura de la antigüedad, nunca se pudo tener plena certeza sobre los ingredientes que formaban parte de su fabricación, ni sobre las técnicas de entintado utilizadas para obtenerla, ni siquiera sobre la totalidad de matices de colores incluidos en el vocablo "púrpura". Tras siglos de olvido, sin los descubrimientos científicos modernos, todavía seguiríamos glosando de forma indefinida determinados capítulos de Plinio, de Aristóteles y de Vitrubio, que describen la recogida de los moluscos y la preparación del tinte, como hicieron numerosos eruditos europeos de los siglos XVII, XVIII y XIX. Entre ellos, figura el sabio español Juan Pablo Canals i Martí que destacó por su enfoque naturalista y empírico que le permitió poner a punto, a partir de las secreciones de diferentes conchas de púrpura recogidas en las costas catalanas, un método de fabricación del pigmento en polvo, como para el añil, método que publicó en sus Memorias sobre la púrpura de los Antiguos, restaurada en España (Madrid, 1779). En la actualidad, se dispone de nuevos datos proporcionados por la química, la biología, la arqueología y la etnología, que demuestran que la obtención de tintura violeta mediante caracoles no fue un fenómeno exclusivo de las civilizaciones mediterráneas sino práctica habitual, en época precolombina, de los indios de América Central y del Sur y que todavía hoy adorna los poshuancos, telas tradicionales de las mujeres de diversos poblados de la provincia de Oaxaca, en México. El descubrimiento de textos y de tejidos también ha demostrado la utilización de la púrpura por algunas civilizaciones asiáticas de la antigüedad: en la India, en Java, en China, en Japón... Análisis recientes identificaron la púrpura del molusco Akanishi (Rapana thomasiana) en un fragmento de seda descubierto en una urna funeraria de la civilización Yayoi (principio de nuestra era), en la isla japonesa de Kiushu. La púrpura puede ser definida como un tintura que va del rojo-violáceo al azul-violeta, que es químicamente muy parecida al añil y que se obtenía a partir de dos grupos de caracoles marinos, los murex (Muricidae) y las púrpuras (Thaididae). Al igual que ocurre con el añil en las "plantas de añil", la púrpura tampoco existe en el animal vivo. Se desarrolla tras su muerte por hidrólisis enzimática de compuestos incoloros presentes en la glándula hipobranquial de los moluscos de púrpura y por la unión de dos moléculas en presencia de oxígeno y de luz. La mayoría de los murex y de las púrpuras produce bromoañiles y la presencia de átomos de bromo en estas moléculas les proporciona un tono rojo violáceo. El ejemplo más prestigioso es la "púrpura de Tiro" de la antigüedad, llamada argamán en la Biblia. Pero uno de los murex, antaño utilizado en Creta, en las islas griegas y en Fenicia para el tinte púrpura, el Murex o Phyllonotus trunculus, proporciona principalmente indigotina (pastel europeo y añiles exóticos). De este modo, aparece como la fuente de la "púrpura" azul violácea llamada tekhelet en la Biblia, "púrpura jacinta" por los autores latinos de la antigüedad. Las experiencias de "arqueotintura" que realiza desde hace años el químico Joseph Elias Doumet en las costas del Líbano, donde la industria de la púrpura vivió su mayor auge, demuestran que esta especie, por su composición enzimática, es indispensable para mantener o reducir al estado soluble de las púrpuras de las demás moluscos mediterráneos; solubilidad imprescindible para teñir fibras textiles. Estos trabajos explican los textos antiguos, mientras que los resultados recientes de análisis de tejidos arqueológicos indican que varias especies de moluscos de púrpura, incluyendo casi siempre una determinada cantidad de murex trunculus, eran utilizados conjuntamente por aquellos maestros de la química empírica, los tintoreros de púrpura de la antigüedad. La púrpura es, sin duda, el símbolo de poder y riqueza que más ha perdurado a lo largo de la Historia. Desde la antigüedad hasta la Edad Media, su prestigio se mantuvo durante al menos treinta ss.. Apareció por primera vez como signo de poder en el Mediterráneo Oriental en épocas muy antiguas: figura ya en el siglo XIV a.C. en textos de Ugarit, destacando entre los regalos o tributos ofrecidos a reyes hititas o hurritas por los de Ugarit para asegurarse su favor. Contemporáneos de estos textos son los hallazgos realizados en Ugarit, así como en Sarepta, en el norte del actual Líbano: importantes depósitos de conchas de murex aplastadas, instalaciones de tintorería e, incluso, vasijas cuyas paredes internas todavía están teñidas de púrpura. Acumulaciones de conchas de murex, un siglo o siglo y medio más antiguas que las anteriores, han sido descubiertas en Creta y en las pequeñas islas vecinas, lo que permite pensar que esta sería en realidad la primera cuna del tinte de púrpura en el Mediterráneo. Sin embargo, el Egipto faraónico parece que no conoció la púrpura, que sólo fue adoptada como símbolo de poder en tiempos ptolemaicos. A comienzos del primer milenio antes de nuestra era, la enorme importancia dada a la púrpura por la civilización asiria, que entonces dominaba Oriente Próximo, estuvo en el origen de su éxito duradero en las demás grandes civilizaciones que se desarrollaron en esta región del mundo, en especial entre los hebreos, los griegos jónicos y los persas. Fueron los monarcas persas quienes, por primera vez, elevaron la púrpura al rango de símbolo oficial de la realeza en algunas ceremonias, al llevar un atuendo compuesto de un vestido de mangas largas enteramente teñido de púrpura violeta-azul, de una túnica púrpura cruzada en el centro por una banda vertical blanca, pantalones de púrpura roja violácea y una tiara ceñida con una diadema púrpura y blanca. Sin embargo, el color púrpura, es decir, los diferentes matices del violeta, no fue nunca prohibido al resto de la sociedad, ni por los persas, ni por las demás civilizaciones de la antigüedad. Por el contrario, su empleo fue relevante, tanto en las ceremonias religiosas como en las profanas, por las clases privilegiadas que deseaban presumir de su prosperidad. Ya por entonces, el factor decisivo para acceder a las púrpuras auténticas fue el poder adquisitivo. Desde las ciudades griegas de Jonia, la utilización de la púrpura como símbolo de poder y de riqueza se extendió por Grecia y, de allí, a las colonias griegas de Sicilia y del sur de Italia. Entre el 490 y el 420 a.C., los sentimientos nacionalistas provocaron la prohibición del uso de la púrpura en Atenas y en los demás Estados griegos en lucha contra la amenaza persa. Pero la adopción por Alejandro Magno, para sí y para su entorno, de las insignias persas del poder (la túnica púrpura cruzada por una banda blanca, la chlamys o vestido totalmente púrpura, la diadema púrpura con motivos blancos) decidió la renovación de la moda de la púrpura entre las sociedades helenísticas. En 1977 se descubrieron las tumbas reales de Vergina; en la mayor, que pertenecía a Filipo II, el padre de Alejandro, se hallaron evidencias de la importancia ceremonial de la púrpura en las sociedades griegas de la época: los restos estaban envueltos en maravillosos tejidos de lana teñidos de púrpura de un violeta muy oscuro, casi negro, uno de ellos con un rico adorno de hilo de oro. Una serie de textos epigráficos de esa misma época indican, los beneficios que reportaba al santuario de la isla de Delos el impuesto que cobraban los sacerdotes por la pesca de los murex: esta renta alcanzaba anualmente, a finales del siglo IV a.C., la importante suma de 650 dracmas. En 269 a.C., los sacerdotes de Delos compraban púrpura local para tejer el manto de la diosa Leto al precio de 100 dracmas la mina: es decir, la púrpura se había convertido en auténtica moneda de cambio. La civilización romana que, sin embargo, era una de las que en el mundo antiguo concedía el cuidado más minucioso a las múltiples formas de exhibir el rango social y la opulencia, integró tardíamente la púrpura en la simbología oficial del poder (laticlaves de los senadores, paludamenta o mantos de los generales, togas de los senadores y de los emperadores). No obstante, fue en el mundo romano donde la popularidad del color púrpura alcanzó su apogeo, empezando su desarrollo a partir del siglo III a.C., a pesar de la corriente anti-púrpura que, fundamentada en un sentimiento nacionalista, moralizador y republicano, persistió desde finales del siglo II a.C. hasta la caída de la República. De este modo, la dictadura de Julio César marcó un doble viraje en la historia de la púrpura: por un lado, el uso de ropas teñidas de púrpura como signos oficiales de su poder estaba mal visto por todos aquellos a quienes este vestido evocaba el de los monarcas orientales, los purpurei tyranni denunciados por los autores latinos; por otro, también fue César quien, por primera vez en Roma, reservó determinados tipos de púrpura, durante diversas ceremonias, a unas categorías muy específicas de ciudadanos. Este precedente inspiró legislaciones posteriores que restringieron el uso de las púrpuras más codiciadas, para convertirlas en símbolos exclusivos de la majestad imperial. Esta política, retomada por Calígula, Nerón y Domiciano, provocó, como reacción, la generalización de la moda de la púrpura en todo el Imperio. Este "loco entusiasmo", denunciado por los moralistas, alcanzó su punto culminante en el siglo II d. J.C., favorecido por el perfeccionamiento de las técnicas de entintado: desde los tipos de púrpuras de mayor calidad, resultantes de baños múltiples (la púrpura dibapha, "teñida dos veces") que requerían cantidades extraordinarias de las diferentes clases de conchas de púrpura, hasta las púrpuras de imitación obtenidas en su totalidad a base de plantas (especialidad de los tintoreros egipcios y galos); el color violeta, en todos sus tonos, podía hallarse a todo tipo de precios y se extendió entre todas las clases sociales.Testimonio de este fenómeno son los centenares de restos de túnicas, hechas jirones pero adornadas con bandas violetas más o menos descoloridas, descubiertas durante la última década en los albañales de canteras y fortalezas de la época romana que jalonan las rutas de caravanas en el desierto oriental de Egipto. Estas púrpuras tenían poco que ver con la secreción de conchas marinas, como lo demuestran los análisis realizados. A partir de los ss. III y IV de nuestra era, bajo Diocleciano y, con más vigor todavía bajo Constantino, se asociaron las púrpuras de mayor prestigio a la majestad imperial: estaban incluidas, entre las púrpuras rojo-violáceo, la dibapha, la blatta y la oxyblatta y, en la gama de las violetas-azules (hyacinthina), la amethystina y la ianthina. Todas fueron catalogadas como sacer murex, es decir, púrpura sagrada. Bajo Diocleciano se instauró la ceremonia de "la adoración de la púrpura" (adoratio purpurae), que marcaría con su solemnidad mística las audiencias imperiales, a la vez que apareció en los textos el término "púrpura divina", aplicado a cuanta ropa hubiera usado el emperador. Con Diocleciano, la producción de las tintorerías de púrpura de Tiro, en Fenicia, justamente famosas porque producían las más lujosas, se convirtió en monopolio imperial y, quedó exclusivamente reservada a la Corte. Mientras que, de un extremo a otro del mundo romano, las demás clases de púrpura auténtica o de imitación (producidas en los otros muchos talleres de púrpura también sometidos al control imperial) alimentaban el mercado de los amantes de la púrpura de toda condición, las púrpuras clasificadas como "imperiales" y, en especial, los vestidos de seda completamente teñidos con púrpura, entraron a formar parte de la "ropa prohibida y no autorizada" fuera del estrecho círculo imperial. Así, en el 354, bajo Constantino, un escándalo de "desaparición" de ropas púrpuras, en las tintorerías imperiales de Tiro, desencadenó una cascada de arrestos y de torturas que terminó con la ejecución del gobernador de la provincia y de su hijo. La púrpura fue invadiendo todos los ámbitos de la realeza romana y con la división del Imperio en Occidente (Roma) y Oriente (Bizancio), fue en esta última donde alcanzó sus más altas cimas de perfección y lujo. A los emperadores bizantinos se les representa majestuosos y resplandecientes con sus amplios y largos vestidos púrpura, a imagen de Justiniano y de Teodora, inmortalizados en los mosaicos de San Vital en Rávena (realizados en el 547). A tal grado llegó el prestigio de la púrpura que los edictos imperiales eran firmados con tinta de púrpura; los príncipes bizantinos nacían en una habitación de palacio decorada con pórfiro, la "piedra púrpura" y tenían, como Constantino VII (912-969), el título de Porphyrigenitus (nacido en la púrpura). El prestigio de la púrpura aumentó cuando fue más difícil de hallar. Los disturbios civiles y las invasiones que precedieron la caída del Imperio Romano de Occidente, en el año 476, desorganizaron de forma irremediable la producción de púrpura y el trabajo de las tintorerías. Las fuentes escritas nada dicen sobre un declive que a los contemporáneos debía parecerles muy poco relevante a la vista de los trastornos que estaban sufriendo, pero los descubrimientos arqueológicos (como el del yacimiento de la tintorería imperial de púrpura de Tolón, en el islote Magnaque, permitirán desentrañar la progresiva desaparición de los centros de producción occidentales. En Tolón, según el estudio de estratos de los restos de conchas, la actividad prosiguió todavía durante el siglo V. Asimismo, en la Cartago bizantina del siglo VI, los restos de conchas descubiertos en excavaciones recientes cerca del puerto, testimonian una actividad basada en la explotación de las tres principales especies mediterráneas de moluscos de púrpura, incluyendo la púrpura "boca de sangre" y, por tanto, de una evolución técnica, ya que en las épocas anteriores (empezando con la colonización fenicia, en el siglo VIII a.C.), sólo se utilizaron el murex trunculus primero, y más tarde los dos principales murex, trunculus y brandaris. Tras la conquista de Tiro por los árabes en 650, las tintorerías de púrpura quedaron centralizadas en Constantinopla. Los preciados regalos de tejidos y vestidos de seda teñidos con púrpura figuraban entre los obsequios más suntuosos que pudieran utilizar los emperadores bizantinos para reforzar sus vínculos con las potencias civiles y religiosas occidentales en las que trataban de apoyarse. En 1100, justo después de la I Cruzada y la toma de Jerusalén, el emperador Alejo I Comneno regaló 100 vestidos de púrpura a uno de los príncipes alemanes que se habían alzado contra Enrique IV. El fragmento de dalmática con fondo púrpura conservado en el Tesoro de la iglesia de Valère, antigua catedral de Sión, en el Valais suizo, es uno de los más bellos ejemplos (y uno de los más tardíos) que quedan de esa púrpura bizantina de la Edad Media. La caída de Constantinopla en manos de los turcos en 1453, señaló el final de los talleres de púrpura imperiales y de la última fuente de tintorerías de auténtica púrpura. Poco después, en 1464, el papa Pablo II ratificó el final de los ss. de la púrpura mediante un decreto que autorizaba su sustitución por el tinte escarlata extraído del insecto kermes: a partir de esa fecha, la "púrpura cardenalicia" ya no fue violeta, sino rojo fuerte. Ver, Ostro, Tiatira (ciudad de Asia Menor).
)o()o()o( LAS CONCHAS DE PÚRPURA EN EL MUNDO
)o()o()o( Especie
)o( Murex (Muricidae)
)o( Phyllonotus brandaris Mediterráneo
)o( Phyllonotus trunculus Mediterráneo
)o( Ocenebra erinacea Mediterráneo, Océano Atlántico (costas europeas)
)o( Bolinus cornutus Océano Atlántico (costas africanas)
)o()o()o( Púrpuras (Thaididae)
)o( Thais haemastoma Mediterráneo, Océano Atlántico (costas africanas)
)o( Nucella lapillus Océano Atlántico (costas europeas)
)o( Nucella lamellosa Océano Pacífico (costas de América del Norte)
)o( Purpura patula pansa Océanos Atlántico y Pacífico (costas de América Central)
)o( Purpura aperta Golfo de México
)o( Concholepas peruviana Océano Pacífico (costas de Perú)
)o( Rapana thomasiana Océano Pacífico (costas de Japón)
)o( Thais clavigera Océano Pacífico (costas de Japón)
)o( Mancinella kieneri Océanos Índico y Pacífico
)o( Mancinella bufo Océanos Índico y Pacífico
)o( Dicathais orbita Costas de Australia

