Admete
Admete es la heroína de una leyenda de Samos. Hija de Euristeo y biznieta de Perseo, reside en Argos, donde es sacerdotisa de la Hera argiva. Según una versión de la leyenda de las Amazonas, por ella fue que Heracles salió a la conquista del cinturón de la reina guerrera. Admete estuvo en funciones de sacerdotisa durante cincuenta y ocho años. Pero al morir su padre tuvo que huir de Argos y se refugió en Samos, llevándose la imagen de la diosa, confiada a sus cuidados. En Samos encontró un antiquísimo santuario de Hera, fundado en otros tiempos por los léleges y las ninfas. Allí depositó la estatua. Mientras tanto, los argivos, inquietos por la desaparición de la imagen, encargaron a unos piratas tirrenos que saliesen en su busca. Esperaban también que los de Samos harían a Admete responsable de la conservación de la imagen y la castigarían si era robada. Como el templo de Samos no tenía puertas, a los piratas les fue muy fácil apoderarse de la estatua. Pero al intentar hacerse a la vela, les resultó imposible poner el barco en movimiento. Comprendieron, pues, que la diosa quería quedarse en Samos. Así, depositaron la sagrada imagen en la orilla, y le ofrecieron un sacrificio. Admete, que se había dado cuenta de la desaparición de la imagen, alarmó a los habitantes, los cuales se pusieron a buscarla por todas partes. Acabaron encontrándola, abandonada, en la playa, pues los piratas habían partido. Imaginando entonces que la diosa había ido allí por sí misma, la ataron con tiras de mimbre. Al llegar Admete la desató, la purificó y volvió a consagrarla, pues había sido mancillada por el contacto de manos humanas; luego la restituyó al templo. En recuerdo de ello, todos los años los habitantes de Samos celebraban una fiesta, durante la cual se llevaba la estatua de Hera a la playa, se volvía a consagrar y recibía ofrendas. Pausanias atribuye el traslado de la Hera argiva desde Argos a Samos, no a Admete, sino a los Argonautas.

