Alcínoe
Cierta mujer de Corinto, llamada Alcínoe, casada con un tal Pólibo, hijo de Driante, se había atraído el enojo de Atenea por el siguiente motivo: había contratado a una hilandera, y, una vez terminada la labor, se negó a satisfacerle el salario estipulado. La hilandera profirió imprecaciones contra ella, tomando a Atenea por testigo de la mala fe de Alcínoe. En efecto, Atenea era la patrona y protectora de las hilanderas, y enloqueció a Alcínoe. En seguida la joven se enamoró de un huésped, un extranjero de Samos llamado Janto, y, por seguirlo, abandonó a su esposo e hijos. Pero a mitad de la travesía volvió en sí y, presa de desesperación, llamando a sus hijos y a su marido, se arrojó al mar. En Tegea figuraba su estatua en el altar de Atenea y se la honraba como una ninfa.

