Emperadores ilirios
(268-284). La obra de Galieno, aunque inacabada y forzada por las circunstancias, había permitido superar los graves peligros que amenazaban con la desintegración del Imperio romano. Los emperadores que le sucedieron, de extracción militar y modesto origen social, y, en su mayoría, de procedencia iliria (Dalmacia, Pannonia, Mesia), se pondrán al servicio de un programa de restauración frente a las amenazas exteriores y a los intentos de disgregación, para devolver la unidad al Imperio. Con las bases creadas por ellos, Diocleciano y Constantino emprenderán, a comienzos del siglo siguiente, una completa renovación del Estado y de la sociedad. Fueron los siguientes:
)o()o( Claudio II el Gótico (Marco Aurelio Claudio) (268-270)
)o()o( Quintilo (Marco Aurelio Claudio Quintilo) (270)
)o()o( Aureliano (Lucio Domicio Aureliano) (270-275)
)o()o( Tácito (Marco Claudio Tácito) (275-276)
)o()o( Probo (Marco Aurelio Probo) (276-282)
)o()o( Caro (Marco Aurelio Caro) (282-283)
)o()o( Numeriano (Marco Aurelio Numeriano) (283-285)
)o()o( Carino (Marco Aurelio Carino) (283-285) )o(
A pesar de las interminables guerras civiles y pronunciamientos que caracterizan el período de la "Anarquía militar", la energía de los emperadores ilirios logró preservar, mal que bien, la integridad del Imperio frente al recrudecimiento de la presión bárbara en sus fronteras, Es cierto que hubo pérdidas territoriales en algunos puntos: los germanos ocuparon los Campos decumates; Dacia fue abandonada en época de Aureliano; los godos extendieron su influencia a la costa septentrional del mar Negro; en el desierto oriental, se perdieron ciudades como Dura-Europos o Palmira, que servían de protección a las provincias de Siria y Arabia. Estos emperadores, siguiendo una tendencia ya iniciada por Marco Aurelio y que Probo potenció, recurrieron a la instalación de bárbaros en las regiones fronterizas para repoblar los espacios vacíos y volver a poner en cultivo tierras abandonadas.

