Magnencio
Flavio Magno (Flavius Magnus Magnentius) (siglo IV). Nació en Amiens, de padre bretón y madre franca. Durante el reinado del emperador Constante, el descontento se dejó sentir con más fuerza en las Galias, en donde era frecuente que los problemas económicos encontraran una fuerte protesta social, como ya había ocurrido con la revuelta de los bagaudas. El 18 de enero del 350, Magnencio, comandante de las tropas especiales (Jovianos y Herculianos), fue proclamado Augusto en Augustodunum (hoy, Autun). Constante, que se encontraba también en las Galias, fue desposeído y asesinado cuando huía hacia Hispania. Magnencio fue reconocido rápidamente en las Galias, en África y luego en Roma, con la ayuda de las maquinaciones de Marcelino, comes rei privatae. Pero inmediatamente, Constanza, hermana de Constancio, para sostener la herencia y la dinastía constantiniana, alentó a Vetranio, magister peditum del ejército ilírico, a tomar la púrpura (marzo del 350). Mientras, en Roma, un pariente de Constantino, Nepotiano, se proclamó también Augusto, pero, falto de los mínimos apoyos, fue eliminado enseguida por Magnencio. que no pudo hacer lo mismo con Vetranio. Había llegado el momento de que Constancio, dejando momentáneamente los asuntos de Oriente, comenzase a influir en las tropas de Vetranio con el recuerdo glorioso de su padre Constantino. El viejo general se dejó convencer y abandonó sus pretensiones con la recompensa de una generosa pensión. Quedaba eliminar a Magnencio, hábil general que había logrado concitar en torno suyo los intereses más dispares, en los que se entrevén los claroscuros de su vacilante política religiosa: si, por una parte, realizaba emisiones de monedas con el emblema cristiano, por otra, permitía a los paganos la celebración de sacrificios nocturnos, que Constante había prohibido. Dos años duraban ya los fuertes enfrentamientos, hasta que la estrella de Magnencio comenzó a declinar a partir de la batalla de Mursa (351), en Pannonia, en la que ambas partes desplegaron tal atrocidad y fiereza que perecieron más de 50.000 hombres, imprescindibles para la lucha contra los bárbaros. Tras la batalla, Constancio conquistó Italia (352) y luego las Galias (353), quedando como único Augusto, tras suicidarse Magnencio en Lyon en agosto de ese año.

