Ecmágoras

Fíalo, hija del arcadio Alcimedonte, había sido amada por Heracles, de quien tuvo un hijo, Ecmágoras. Al nacer, Alcimedonte había ordenado a su hija que lo expusiese, y ella misma se encargó de abandonarlo en el monte. Un grajo que se hallaba en aquellos alrededores oyó los gritos de la tierna criatura y trató de imitarlos. Heracles oyó los gritos del grajo, que el eco repetía por doquier, acercóse y descubrió a su hijo y a su amante. Liberó a la joven de sus ataduras y salvó a ambos. Una fuente cercana tomó el nombre de Cisa (la Fuente del Grajo).
 
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