Eetes

Hijo del Sol y de la oceánide Perseis, había recibido primeramente de su padre el reino de Corinto, pero muy pronto lo había dejado por el de Cólquide, país situado al pie del Cáucaso, a orillas del mar Negro. Eran sus hermanas la maga Circe, la que de modo tan extraño recibió a Ulises, y Pasífae, esposa de Minos. Respecto a la persona de su propia esposa, las tradiciones discrepan; tan pronto la llaman Eurílite, como le atribuyen por mujer a la nereida Neera o a la oceánide Idía, o, finalmente, a la maga Hécate, su sobrina e hija de Perses, rey de Táuride. En Cólquide, Eetes reinaba en Ea, cuya capital era la ciudad de Fasis, a orillas del río de igual nombre. Cuando Frixo, huyendo con su hermana Hele sobre un carnero de toisón de oro que los llevaba por encima de tierras y mares, llegó a Cólquide, fue bien acogido por el rey, el cual le otorgó la mano de una de sus hijas, Calcíope. Frixo sacrificó a Zeus el carnero milagroso y dio su toisón a Eetes, quien lo clavó en un roble, en un bosque consagrado a Ares, dios de la guerra. Jasón, al recibir de Pelias la orden de traerle aquel vellocino de oro, partió con sus compañeros en su busca, a bordo de la nave Argo (Ver, Argonautas). Llegados los Argonautas, tras numerosas aventuras, a Ea, el rey les prometió el toisón siempre que Jasón pasase por determinadas pruebas. De este modo pensaba desembarazarse de aquella demanda importuna. Pero Jasón, ayudado por Medea, la propia hija de Eetes, logró domar unos toros monstruosos y dar cima a otras hazañas que se le exigieron. Entonces Eetes le negó resueltamente el vellocino e intentó incendiar la nave Argo. Jasón se apoderó de la piel por la fuerza, y huyó llevándose a Medea. Eetes salió en su persecución, pero su hija había raptado a su hermanito Apsirto, al que dio muerte y descuartizó esparciendo sus miembros por el mar. Eetes, para recogerlos, quedó rezagado y, desanimándose, abandonó la caza. Al parecer, más tarde Eetes fue destronado por su hermano Perses, y restablecido en el trono por Medea, que había regresado sin darse a conocer.
 
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