Éter
o Aether (en griego antiguo "quemar"). En la mitología griega, Éter era uno de los Protógonos, la personificación del "cielo superior", el espacio y el paraíso. Es el aire alto, puro y brillante que respiran los dioses, en contraposición al oscuro de la Tierra que respiraban los mortales. Hesíodo hace de él hijo de Érebo y de Nix (la Oscuridad y la Noche), y el hermano de Hémera (la Luz del Día). Según otras tradiciones, Éter, uniéndose al Día, engendró la Tierra, el Cielo y el Mar, además de cierto número de abstracciones, como el Pesar, la Ira, la Mentira, etc., así como a Océano, Temis, Tártaro, Briareo, Giges, Estérope (los Cíclopes de Hesíodo), Atlante, Hiperión, Saturno, Ops, Moneta, Dione, las tres Furias. Se reconocen en esta lista, dada por Higino, elementos sacados del mito de Urano (Ver esta leyenda). Cicerón hace de Éter padre de Júpiter y de Caelus (es decir, Urano, el cielo personificado) y abuelo del Sol. Según Aristófanes fue también el padre, por sí mismo, de las ninfas de las nubes, las néfeles. El Éter era el alma del mundo y toda la vida emanaba de él. Nix arrastraba las oscuras nieblas de Érebo por los cielos llevando la noche al mundo ocultando el Éter, mientras Hémera las dispersaba trayendo el día (en las antiguas teogonías se consideraba que la noche y el día eran independientes del sol). Otras fuentes afirman que surgió del Caos. La tradición órfica afirmaba que el Éter era hijo de Chronos y Ananké. El aether era conocido también como el muro defensivo de Zeus, la barrera que encerraba a Tártaro fuera del cosmos. Ver, Necesidad.

