Tártaro
En los poemas homéricos y en la Teogonía hesiódica, el Tártaro aparece como la región más profunda del mundo, situada debajo de los propios Infiernos. Hay la misma distancia entre el Hades (los Infiernos) y el Tártaro que entre el cielo y la tierra. Constituye, en una palabra, los cimientos del universo. La leyenda muestra que las distintas generaciones divinas encerraron allí sucesivamente a sus enemigos. Urano había recluido en él a los primeros hijos que había tenido de Gea. los cíclopes Arges, Estéropes y Brontes. Pero Gea, para liberarlos, amotinó a los titanes contra su padre. Después de su victoria, Crono, el más joven de los titanes, liberó a los cíclopes, pero se apresuró a volver a encerrarlos. Estos no fueron libertados definitivamente hasta que Zeus los aceptó como aliados en su lucha contra los titanes y los gigantes. A su vez, los titanes fueron hundidos en el Tártaro por Zeus, ayudado por sus hermanos Hades y Posidón. Y los recién llegados pusieron, para guardarlos, a los hecatonquiros Gies, Coto y Briareo. El Tártaro sigue siendo un lugar temido por los olímpicos. Cuando uno de ellos resiste a Zeus, éste lo amenaza con encerrarlo en él, y el rebelde se apresura a obedecer. Cuando Apolo hubo dado muerte a los cíclopes con sus flechas, estuvo a punto de ser condenado a aquella pena, y sólo escapó a ella gracias a las súplicas de Leto, la cual obtuvo que en vez de ser precipitado al Tártaro, su hijo fuese condenado sólo a servir a un mortal. Al Tártaro fueron arrojados los Alóadas y Salmoneo. Poco a poco, el Tártaro fue confundiéndose con el infierno propiamente dicho en la idea de "mundo subterráneo", situándose generalmente en él el lugar donde eran atormentados los grandes criminales. En este sentido, el Tártaro es lo contrario de los Campos Elíseos, morada de los bienaventurados. El Tártaro está personificado en la Teogonía de Hesíodo. Constituye uno de los elementos primordiales del mundo, con Eros, el Caos y Gea (la Tierra). Unido a la Tierra, Tártaro engendró a varios monstruos: Tifón y Equidna, a los cuales se agrega a veces el águila de Zeus y Tánato, el genio de la muerte.

