Cariclo
Ninfa, madre del adivino Tiresias. Esta Cariclo era una de las compañeras preferidas de Atenea, quien le permitía con frecuencia montar en su carro. Un día en que las dos divinidades estaban bañándose en la fuente Hipocrene, en el monte Helicón, Tiresias, que cazaba por las inmediaciones, llegó a dicha fuente y vio a Atenea desnuda. La diosa lo cegó inmediatamente, y al reprocharle Cariclo su crueldad para con su hijo, Atenea le explicó que todo mortal que veía a un inmortal contra la voluntad de éste, debía perder la vista. Sin embargo, para consolarla, concedió a Tiresias virtudes maravillosas. En primer lugar, le dio un bastón de cornejo, con el cual podía dirigir sus pasos con igual facilidad que si estuviera dotado de visión. Luego "purificó" sus oídos, de modo que comprendiese el lenguaje de los pájaros, y le dio así el don de profecía. Además, prometióle que, después de muerto, conservaría en el Hades todas sus facultades intelectuales, especialmente la de profetizar (Ver, Tiresias).

