Céculo
La leyenda romana de Preneste (hoy Palestrina, en las colinas que forman los límites del Lacio con el país de los sabinos) atribuye la fundación de la ciudad a un héroe llamado Céculo, hijo de Vulcano. Cuenta que en otro tiempo vivían en el país dos hermanos, los Depidios, que eran pastores. Tenían una hermana, y un día en que se hallaba sentada junto al hogar doméstico, saltó del fuego una chispa y fue a dar en su seno. Pronto sintió que había concebido un hijo, y cuando nació, lo abandonó cerca del templo de Júpiter. Unas jóvenes que iban en busca de agua a una fuente cercana, encontraron al niño al lado de un fuego encendido y lo llevaron a los dos Depidios, quienes lo criaron. Al verlo por vez primera le dieron el nombre de Céculo porque el humo de la hoguera junto a la cual había sido hallado, le había irritado los ojos y le hacía parecer ciego ("caecus" significa "ciego"). En su juventud, entre los pastores, Céculo llevó la vida de rapiña habitual en aquella época. Llegado a la edad viril fundó, con varios compañeros, un pueblo que debía ser Preneste. El día de la fiesta inaugural de la nueva localidad invitó a los vecinos que habían acudido con el fin de establecerse en ella, y, para persuadirlos, pidió un prodigio a su padre Vulcano. Este envió unas llamas, que rodearon a la multitud y se extinguieron a una orden de Céculo. Este milagro determinó la buena suerte de la ciudad a la que los habitantes acudieron a establecerse en gran número bajo la protección del dios y de su hijo. La gens Caecilia se consideraba descendiente de Céculo.

