Mitología vasca
La mitología vasca son el cúmulo de creencias, personajes míticos y leyendas que se remontan a tiempos anteriores al cristianismo. Los vascos mantienen una lengua, el euskera, que parece no tener relación con ninguna de las que le rodean y que se estima es anterior a la entrada de los pueblos indo-europeos, como el celta. Entre las diversas hipótesis del origen de los vascos una de ellas señala la permanencia, al menos desde el neolítico en el territorio que ocupan. Los recientes hallazgos arqueológicos atestiguan que, al menos, en el siglo IV se hablaba un euskera muy similar al anterior. La lengua expresa una base cultural concreta que ha ido evolucionando con el tiempo y las interrelaciones con otras culturas que llegaron al territorio. La más influyente, fue la romana y la indroducción, desde ella, del cristianismo, que vino a sustituir la antigua religión que se desarrollaba en las tierras que ocupaban los hablantes del euskera en aquellos tiempos. El cristianismo, impuso sus formas y enmascaró los cultos y deidades autóctonas que fueron conformando el universo mitológico vasco. A pesar de la cristianización sufrida por el pueblo vasco en el último milenio y de las persecuciones de la Inquisición, el pueblo vasco ha conservado numerosas leyendas que dan cuenta de una antiquísima mitología propia. Por otra parte estos temas mitológicos se incluyen en el resto del complejo vasco aquitano, encontrándose el Basarajaun en el Pirineo aragonés o los omes granizos similares a los Jentillarri, y especialmente residuos de la secta brujesca por todo el Pirineo. Las leyendas de pueblos vecinos más romanizados, como las del Alto Aragón, Cataluña, La Rioja, Cantabria o Asturias muestran una sorprendente similitud, especialmente en el área pirenaica. Esta religión precristiana estaba aparentemente centrada en un genio o divinidad central de carácter femenino: Mari. Su consorte Maju o Sugar parece tener también cierta importancia. Esta pareja ctónica parecía tener el poder ético supremo y también el poder de crear y destruir. Se decía que cuando se reunían en las cuevas de las cumbres sagradas, engendraban tormentas. Estas reuniones las celebraban los viernes por la noche, el día de los aquelarres. Los "zezen gorri" o "behi gorri" (Betizu), toros salvajes autóctonos de la zona, eran los encargados de proteger los tesoros de las grutas donde vivía la diosa. Se decía que Mari vivía en el monte Anboto, y que periódicamente cruzaba los cielos como una luz brillante para ir a su otra casa en el monte Txindoki. Según una de las tradiciones, cada siete días Anbotoko Mari viajaba desde su cueva en el monte Anboto a otra en otro monte; el tiempo era húmedo cuando estaba en el monte Anboto, y seco cuando estaba en Aloña, o Supelegor, o Gorbea. Es difícil saber la antigüedad de esta leyenda. Otra supuesta divinidad celeste era Urtzi (u Ost, Ortzi "cielo", asimilable al Júpiter latino, pero esta parece ser importada, dado que las leyendas no la mencionan. Sin embargo su nombre aparece en los días de la semana, en el nombre de los meses y en fenómenos meteorológicos. La antigua religión vasca es por tanto de carácter ctónico, teniendo todos sus personajes su morada en la Tierra y no en el firmamento, que aparece como un pasaje vacío por el que Mari o Maju viajan de montaña en montaña o pastorean rebaños de nubes. Las leyendas también hablan de muchos genios, como: Jentilak, Lamiak, Mairuak, Iratxoak, Sorginak, Basajaun, Mamarro, etc.. Se sabe que muchas de estas historias pasaron a formar parte de la cultura vasca hace pocos siglos, o como parte de las supersticiones romanas. Otros personajes de la mitología vasca son Gaueko, Tartalo, los galtzagorris, el dragón primigenio o Herensuge, etc.

