Mitología castellana
La mitología castellana comprende el conjunto de mitos y leyendas propias del territorio histórico de Castilla. La mitología castellana, lejos de lo que comúnmente se piensa, no está exenta de leyendas, mitos y seres mágicos. Y a pesar del tamiz cristiano, subsisten ciertas costumbres paganas. Podemos encontrarlas en la mitología popular de muchos pueblos castellanos, en su tradición oral y en el estudio de muchas obras literarias en lengua castellana. La mitología castellana se caracteriza por nutrirse de varios orígenes. En primer lugar por entroncarse en sus raíces montañesas que llevaron consigo los repobladores foramontanos en lo que más tarde sería el reino de Castilla. De la tradición celtíbera subyacente en la población hispanoromana. Además, podemos comprobar la rica tradición hispanogoda, refugiada en la cornisa cantábrica y heredera del reino visigodo tras su caída en 716, aportando por ejemplo, iconografías características a la historia de Castilla, que aparecen ya en el "Poema de Fernán González": el caballo y el azor; o la lectura de los signos de buena o mala suerte en las aves "pájaro de mal agüero". Asimismo, se nutre también de los mozárabes que o bien fugados o liberados, compartieron conocimientos y costumbres en tierras castellanas. Muchos mitos son comunes a otras regiones de la antigua Corona de Castilla. Además por la extensión y diversidad en la orografía del territorio castellano se dan variedades tales como que una misma leyenda o ser mitológico tenga distintas interpretaciones o se le nombre de forma distinta en diversos lugares. Además de los comunes trasgos, se señalan en el territorio castellano los siguientes seres mitológicos: Trentis en el norte de Burgos, diablos burlones en La Rioja y Soria, Reñuberos en Palencia, Valladolid y León, Nublaos y regulares entre Zamora y Valladolid, Gnomos en la Sierra de Francia, Nubleros en el Sistema Central y la Sierra de Alcaraz en Albacete, gnomos y diablos burlones en la serranía de Cuenca y Guadalajara (es fácil ver cómo se repiten idénticos seres en idénticos ámbitos geográficos: monte, montaña, llanura...), enanos mineros en los Montes de Toledo o monjes sobrenaturales en Ciudad Real. Además, muchos de estos mitos o leyendas han viajado a Iberoamérica con los colonos castellanos. Está muy extendida la idea que la literatura castellana es carente de elementos fantásticos. Pero esto es contradice si se consulta las obras del siglo XVII. El propio Cervantes, entre otros muchos, recogerá toda clase leyendas, mitos y fantasías propias del vulgo, para la realización de sus diversas obras. Pero mucho de este material mitológico era descartado por ciertos escritores "eruditos" o bien atacado por algunos sectores como supersticiones del populacho. A primera vista parece que Castilla no presenta material "maravilloso", susceptible de relacionarse con tradiciones paganas. No obstante, dicho material existe no sólo en los cuentos, sino también en las leyendas unidas a lugares geográficos donde la mayoría de las veces a la Virgen, los santos, las viejas o damas que donan tierras o castigan a los habitantes de un pueblo, les corresponde un papel activo. Hoy no se puede hablar de un culto pagano o tradicionalmente alejado de la doctrina eclesiástica en los pueblos castellanos. Pero diversos autores han reconocido en diversos ritos y costumbres, la pervivencia de viejos cultos prerromanos. Las "matres" sufrieron el mismo proceso que otras divinidades menores circunscritas a estos territorios. Como las "dianas" (xanas asturianas) aparece ya en la baja época latina en el sentido de "hada nocturna". En Castilla, "matre" (matrona) tomará las connotaciones de la fertilidad y al mismo tiempo diosa de los muertos, de los fantasmas nocturnos y maga poderosa. Al carecer de un renacimiento cultural que la rescatara (romanticismos nacionalistas del siglo XIX, tales como el vasco, gallego y catalán) ha propiciado que se perdiera gran parte de la mitología de las diversas regiones de raíz castellana. Además, siendo las áreas rurales castellanas las más castigadas por la despoblación y la posterior fracción de los territorios castellanos en diversas comunidades autónomas, han relegado estos mitos al ostracismo. En la toponimia, se puede estudiar gran parte de este legado, que se perpetúa en el tiempo, ejemplo del municipio de Maderuelo (Segovia). El Castro Maderolum como se le menciona época altomedieval, es posiblemente la evolución de "Castrum Matrorum" o sea, "Ciudadela de las Matres". Las divinidades celtíberas de la fecundidad de las mujeres y de los campos y animales. Supondría que en esta villa existiría un templo o algo similar donde se realizara el culto a las Matres. Esta adoración queda patente en muchos yacimientos de la zona, donde se han identificado estas matres (Tiermes, Clunia, Duratón, Salas de los Infantes, entre otros). Así mismo, se puede observar la denominación que reciben ciertas pozas, que hacen mención al dios del inframundo Airón. Ejemplo de ello la tenemos en "El pozo de Airón" del municipio de La Almarcha (Cuenca), donde se encontró una ara votiva dedicada a esta deidad. En lugares como Pedraza (Segovia) se encuentra la Cueva de la Griega donde se hallaron inscripciones vinculadas al dios Airón. Este mito, le encontramos en infinidad de leyendas relacionadas con cuevas, pozos, lagunas o bajo alguna deformación en el topónimo (Hirón o pozahiron). Pudiendo estudiar además casos en Albacete, Ávila, Burgos, Ciudad Real, Guadalajara, León, Madrid, Palencia, Salamanca, Segovia, Soria, Valladolid y Toledo.

