Ceres
Las. Son unos genios que desempeñan un importante papel en la Ilíada. En las escenas de batalla y de violencia, son generalmente la imagen del Destino, que se lleva a cada héroe en el momento de su muerte. Son representadas en forma de seres alados, de color negro, con grandes dientes blancos, horribles, con largas y afiladas uñas. Desgarran los cadáveres y beben la sangre de los muertos y los heridos. Su manto está manchado de sangre humana. Sin embargo, no son sólo "walkyrias" del campo de batalla. A veces, ciertas expresiones homéricas demuestran que eran concebidas asimismo como Destinos coexistentes con cada ser humano, que personificaban no sólo su género de muerte, sino también el género de vida que le estaba reservado. Así, Aquiles puede elegir entre dos Ceres: una que le ha de dar una larga vida feliz en su patria, lejos de la gloria y de la guerra, y otra, la que realmente escogió, que ha de procurarle ante Troya un renombre imperecedero al precio de una muerte prematura. Del mismo modo, Zeus pesa en una balanza las Ceres de Aquiles y de Héctor en presencia de los dioses, para saber cuál de los dos ha de morir en el combate en que están enfrentados. El platillo que contiene la Cer de Héctor se inclina hacia el Hades, e inmediatamente Apolo abandona al héroe a su ineluctable destino. De forma más o menos artificiosa, las Ceres han recibido una genealogía en la Teogonia hesiódica. Aparecen en ella como "hijas de la Noche" pero en el mismo pasaje, unos versos más adelante, el poeta cita una Cer, hermana de Tánato y Moro (la Muerte y el Tránsito), y varias Ceres hermanas de las Moiras o Parcas. (Ver). Sin duda se da aquí un caso de interpolación, o quizá la contradicción es debida al carácter popular y vago del concepto de Cer, que a veces es una divinidad única, y a veces una potencia inmanente del individuo. Así, vemos que en la Ilíada se atribuye una sola Cer a los troyanos y otra a los aqueos. Aunque el pasaje es de fecha más tardía que el conjunto en que ha sido insertado, no es menos cierto que la noción de Cer puede tomar un valor colectivo. En la época clásica, las Ceres parecen existir sobre todo como reminiscencias literarias, y tienden a confundirse con otras divinidades análogas: las Moiras e incluso las Erinias, con las cuales tienen puntos comunes por su carácter infernal y salvaje. En las tragedias sólo son préstamos de la epopeya homérica. Platón, en un pasaje poético, las considera como genios perversos que, semejantes a las Harpías, mancillan cuanto tocan en la vida de los humanos. Es posible que la tradición popular haya terminado identificándolos con las almas malhechoras de los muertos, a las que hay que aplacar con sacrificios. Lo cual sucedía, por ejemplo, en la fiesta de las Antesterias.

