Cipo
Genucio Cipo era un general romano que, en tiempos muy remotos, regresaba a Roma al frente de su ejército victorioso cuando, dirigiendo casualmente la mirada al agua de un arroyo, vio que tenía la frente adornada con cuernos. Ante este prodigio, ofreció un sacrificio e interrogó las entrañas de una víctima. El arúspice le reveló que esto presagiaba para él la realeza, a condición de que entrase inmediatamente en la ciudad. Cipo, espantado, como buen republicano que era, convocó en seguida al pueblo en el Campo de Marte y se hizo desterrar. Como muestra de agradecimiento, el Senado le ofreció tanta tierra como pudiese trabajar en un día. En memoria de este episodio, se mandó esculpir en la puerta Raudusculana, (puerta de la muralla de Servio, al pie del Aventino) una cabeza de hombre cornudo, retrato de Cipo.

