Citerón
Citerón era un rey de Platea, que dio su nombre a la montaña vecina (el Citerón). Fue el predecesor de Asopo (epónimo del río) en el trono de la ciudad. Se cuenta que, durante su reinado, hubo una riña entre Zeus y Hera; ésta no quiso ceder a las caricias de su marido y huyó a Eubea. Zeus, desconcertado, se refugió en Plateas, junto a Citerón. Éste, que era muy juicioso, imaginó la siguiente estratagema: aconsejó a Zeus que modelase una estatua femenina, la envolviese en un gran manto y la colocase en una carreta tirada por bueyes. Hera, al ver a su marido de aquella guisa, preguntó y le respondieron que Zeus (era, por lo menos, el rumor que había hecho correr Citerón) había raptado a Platea, hija de Asopo, para convertirla en su esposa. Inmediatamente acudió Hera, arrancó el manto, y vio que no ocultaba sino una estatua de madera. Echóse a reír y se reconcilió con el dios. En recuerdo de esta aventura, se celebraba en Plateas todos los años una fiesta de la boda de Zeus y Hera (compárese con la leyenda de Alalcomeneo). Hay otras leyendas relacionadas con el nombre de Citerón: se decía que éste era un joven de gran belleza, al que había solicitado Tisífone, una de las Erinias. Al despreciar él su amor, la Furia había transformado uno de sus cabellos en serpiente que, al morderle, le causó la muerte, dando así su nombre a la montaña que antes se llamaba Asterión. También decíase que Citerón y Helicón eran dos hermanos; éste de natural dulce y afable; el otro, violento y brutal. Cíterón había acabado por matar a su padre y arrojar a su hermano desde lo alto de una peña; él se mató de una caída. Se dieron los nombres de Citerón y Helicón a dos montañas vecinas; a la primera, en recuerdo del héroe brutal, por ser la mansión de las Erinias; a la segunda, en recuerdo del héroe benévolo por ser la de las Musas.

