Cleóstrato

Joven de Tespias, que libró a su patria de un dragón que todos los años recibía como ofrenda la vida de un mancebo. Habiendo sido él designado por la suerte para ser devorado por la fiera, su amigo Menéstrato le fabricó una coraza metálica, provista de garfios de hierro. Revistióse con ella y se dejó devorar, pero el dragón murió de esta ingestión, terminando así una matanza que había durado mucho tiempo.
 
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