Vía procesional y puerta de Ishtar

Entre los monumentos más célebres de la antigüedad figuran la vía procesional y la puerta de Ishtar de Babilonia. Este ejemplo sobresaliente de la arquitectura del Próximo Oriente Antiguo es sólo una pequeña parte de la monumental ornamentación arquitectónica de la antigua ciudad de Babilonia. En comparación con otros complejos de edificios babilónicos bastante más imponentes, como el santuario principal del dios de la ciudad, Marduk, o los palacios reales, el monumento que se describe a continuación era de dimensiones más bien pequeñas y, en un principio, su parte principal, la puerta, no era sino un edificio profano. Hay que tener en cuenta que la puerta de Ishtar, que debe su nombre al templo de la diosa Ishtar de Akkad cerca del centro de la metrópoli, era sólo una de por lo menos siete puertas cuya existencia ha podido comprobarse en la doble muralla de Babilonia. Su singular estructura, que aún hoy atrae la atención del espectador, es el resultado de varias ampliaciones de los palacios reales y de los complejos defensivos en la zona norte de la ciudad; estas ampliaciones establecen una conexión directa con la vía de acceso delante de la puerta. En el contexto de las ampliaciones con carácter representativo y del traslado de algunos palacios a la región norte de la ciudad bajo los primeros dos reyes del llamado imperio neobabilónico, Nabopolasar I (625-605 a.C.) y Nabucodonosor II (604-562 a.C.), esta vía de acceso fue flanqueada a ambos lados por murallas más o menos paralelas de hasta siete metros de espesor. Así, a lo largo de un trecho de 250 metros, la vía de 20 a 24 metros de anchura adquirió la forma de un pasaje que desembocaba en la plaza delante de la puerta. Merece destacarse la técnica usada en la producción de la decoración mural de esta vía, una técnica que también se aplicó en la propia puerta: se sobrepusieron once hiladas de ladrillos acostados que presentan relieves hechos con moldes especiales de tamaño corriente (aprox. 33 x 33 x 8 cm). Así se compuso el cuadro de un león en relieve; para ello, se requería un número bien calculado de moldes, pues algunos leones caminan hacia la derecha mientras que otros se mueven hacia la izquierda; en otras palabras, fue necesaria una especie de fabricación en serie. La coloración, aún hoy impresionante por su brillo, se realizó con vidriados contrastados; ésta se destaca no sólo en los leones, permitiendo su diferenciación, sino también sirvió para aplicar frisos coloreados y franjas con rosetas. De este modo, la zona inferior de la muralla crea un juego visual y esta vía se destaca de todos los demás accesos a la ciudad. La zona superior de los muros estaba decorada con almenas escalonadas, el espacio libre entre las zonas vidriadas del muro evoca el enlucido sencillo de los adobes. En oposición a las murallas de la vía, toda la pared exterior de la puerta de la ciudad estaba decorada con ladrillos vidriados. Aquí no se ven leones, sino que se alternan filas de toros y de dragones en relieve. Hay que imaginar el impresionante efecto espacial que debió de tener este complejo arquitectónico en su forma original. La puerta estaba concebida con grandes espacios en los cuales podían girarse los batientes de las puertas, salas para el cuerpo de guardia y un acceso a una cisterna subterránea que aseguraba el abastecimiento de agua, el complejo de la puerta doble tenía una dimensión total de 48 metros de longitud y aprox. 30 metros de anchura (sin calcular los muros que la conectaban con la muralla de la ciudad). Esto significa que, para atravesar la puerta, una persona tenía que caminar 48 metros hasta llegar al interior de la ciudad. Esto da una medida de las enormes fortificaciones que rodeaban Babilonia. La puerta tenía una altura considerable. Terraplenes impresionantes en la zona adyacente a la puerta condujeron a la superposición de tres fases en su construcción, las que se distinguen por su decoración. Abajo y oculta por el terraplén, pero puesta al descubierto por las excavaciones, fue hallada una decoración mural de relieves de dragones y toros sin colorear. Tras un cambio en los planes de construcción, en la segunda fase esta decoración fue ejecutada con vidriado coloreado, pero sin relieve. Sólo a partir de unos 15 m, o sea, encima del último terraplén al nivel de la vía, se comenzó a representar los animales tal como aparecen en la reconstrucción de la puerta (hoy en el Museo de Berlín), es decir, con vidriado coloreado y en relieve. Desde luego, el estado en que los excavadores hallaron el complejo fue muy distinto: se conservaban sólo los fundamentos, innumerables fragmentos de ladrillos vidriados y algunos restos de la antigua pavimentación de la carretera (caliza blanca en el centro y piedras rojas en los lados). No obstante, ello fue suficiente para reconocer la forma del complejo y, en el curso de prolongadas restauraciones, ensamblar un número suficiente de ladrillos originales para poder reconstruir una parte de la puerta y de las murallas de la vía. Con piezas originales se reconstruyeron sólo aquellas obras que dan una idea del genio arquitectónico de los babilonios y que, al mismo tiempo, evidencian el éxito de la investigación arqueológica (por ejemplo, todos los relieves de animales y una parte importante de otros elementos decorativos). Las copias modernas se distinguen con facilidad de los ladrillos ensamblados. La altura actual de la puerta es de 14,73 m; el remate superior se rige esencialmente según las representaciones de edificios babilónicos en los relieves asirios. La importancia del conjunto de la vía y de la puerta en la antigüedad se debe sobre todo a motivos religioso-cultuales. Durante once días se celebraba anualmente en Babilonia la fiesta más importante del país, la fiesta del Año Nuevo, para la cual las estatuas de los dioses eran trasladadas de los templos de todo el país al santuario de Marduk. El momento culminante era una gran procesión con los dioses a lo largo de esta vía desde la casa dedicada a celebrar el Año Nuevo hasta la puerta de Ishtar. A juzgar por las inscripciones de fundación del edificio, dicha fiesta fue el motivo para su esplendorosa decoración, que la distinguirla de otras puertas y vías de acceso, todo ello de acuerdo con las órdenes del patrono, Nabucodonosor II.
 
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