Foco
Cuenta Plutarco que un hombre llamado Foco, oriundo de Glisaante (Beocia), tenía una hija, Calírroe. Treinta pretendientes le hacían la corte, pero el padre iba aplazando una y otra vez la fecha de escoger yerno. Finalmente, declaró que, por consejo del oráculo de Delfos, las armas deberían decidir entre los pretendientes. Entonces éstos le dieron muerte. La hija huyó, y, al ser perseguida por sus solicitantes, unos campesinos la ocultaron en un almiar. Cuando se celebró la fiesta federal beocia, Calírroe acudió como suplicante al altar de Atenea Itonia y acusó a los pretendientes del asesinato de su padre. Éstos huyeron a Orcómeno y luego a Hipotas, donde, sitiados por los beocios, al fin hubieron de rendirse, siendo lapidados. La víspera de su rendición oyeron una voz que venía del monte y gritaba: "¡Estoy aquí!". Era la voz de Foco, que les anunciaba el castigo.

