Telamón
Batalla de. Poco antes del comienzo de la segunda guerra púnica, Roma parecía decidida a someter a los celtas y a tal efecto provocó una guerra en la que sus contrincantes, resueltos a derrotar a su vez a su enemiga irreconciliable, hicieron venir a gran número de aliados desde la Galia, del otro lado de los Alpes. Roma contó por aquel entonces del concurso de algunos pueblos de la Cisalpina como los vénetos y los cenómanos. La iniciativa corrió a cargo de los celtas, que habiendo reunido un inmenso ejército, dicen que el mayor visto en Italia, invadieron Etruria (225 a.C.) en donde se toparon con dos ejércitos consulares romanos ante quienes retrocedieron. Acorralados por los romanos, que habían traído otro ejército de Cerdeña, fueron exterminados en la sangrienta batalla de Telamón, en la que 40.000 celtas fueron muertos. La contraofensiva romana no se hizo esperar: se invadió la Cisalpina, los boios se entregaron y tras derrotar en batalla a los ínsubres se puso fin a la guerra con el asedio a Mediolanum, capital de este pueblo (222 a.C.). Para asegurarse el control de la región, Roma se anexiono el territorio suficiente para mantener unas líneas de comunicación abiertas con las dos colonias latinas que se situaron en el corazón de la Cisalpina, Piacenza y Cremona. Otro fruto estratégico de esta guerra fue la alianza obtenida, parece ser que en esta época, con los ligures que habitaban en Genua (Génova) que entraron a formar parte del sistema de alianzas romano como foedus aecuum; la ciudad prestaría muchos e inestimables servicios como eslabón en las líneas de comunicación entre Italia e Hispania y la Cisalpina.

