Xisutro

Jefe de la décima generación. Según algunos autores caldeos citados por Jorge Syncelle, le advirtió Saturno en sueños que el quince del mes dresio, el género humano sería destruido por un diluvio. Recibió al mismo tiempo orden de escribir el origen, la historia y el final de todas las cosas y de ocultar bajo tierra sus memorias en la ciudad del Sol, llamada Sipar. De construir luego una nave, abastecerla de lo necesario y encerrar en ella los volátiles y los cuadrúpedos, junto con él y sus parientes y amigos. Xisutro ejecutó puntualmente sus órdenes y construyó un navío que tenía cinco estadios (cerca cuatrocientas cincuentas toesas) de largo y dos (ciento ochenta) de ancho. Apenas estuvieron todos dentro, la tierra fue inundada. Algún tiempo despues, viendo que las aguas disminuían, dejó salir algunas aves, que no encontrando ni alimento ni lugar donde descansar, regresaron a la embarcación. Soltó sucesivamente otras, que volvieron con un poco de lodo en las patas, y habiéndolas dejado salir por tercera vez ya no aparecieron más. Esto le hizo juzgar que la tierra estaba ya suficientemente descubierta. Entonces hizo una abertura a la nave y, viendo que se había detenido en una montaña, salió con su mujer, su hija y su piloto y habiendo saludado a la tierra, levantado un altar, y sacrificado a los dioses, él y los que le acompañaban desaparecieron. Los que se habían mantenido en la nave cansados de esperar salieron en su busca, pero en vano. Finalmente una voz les anunció que Xisutro había merecido por su piedad ser arrebatado al cielo y colocado en el número de los dioses, con aquellos que le acompañaban. La misma voz les exhortó a que fuesen religiosos y que se trasladasen a Babilonia después de haber desenterrado en Sipar las memorias que quedaron allí depositadas. De lo dicho se desprende que este Xisutro, es el Noé de los caldeos, y que las semejanzas con el diluvio bíblico son evidentes.
 
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