Hipsicreonte
Cuenta Teofrasto que un milesio llamado Hipsicreonte tenía amistad con un isleño de Naxos, cuyo nombre era Promedonte. Hallándose éste un día en casa de su amigo, Neera, la esposa del milesio, se enamoró de él. Mientrás el marido estuvo presente, la mujer disimuló su pasión, pero en una ocasión en que Hipsicreonte se encontraba ausente y Promedonte llegó a Mileto, Neera aprovechó la oportunidad para declararle su amor. Promedonte se negó a escucharla, invocando los deberes sagrados de la hospitalidad. Entonces Neera ordenó a sus criadas que la encerrasen en la habitación del huésped y se las compuso de manera que éste consintió en cuanto ella quiso. Al día siguiente, Promedonte, horrorizado por lo ocurrido, marchóse a Naxos, y Neera le siguió. Hipsicreonte, al saber la aventura, reclamó a su mujer, pero ésta se refugió en el altar del pritaneo, en Naxos, y se negó a acompañar a su marido. Los isleños aconsejaron a éste que tratase de convencer a su mujer, pero le prohibieron que usase la violencia para arrancarla de su asilo. Hipsicreonte se consideró insultado por los de Naxos y persuadió a los milesios para que les declarasen la guerra.

