Hipsípila
Hija de Toante y de Mirina, Hipsípila es, por su padre, nieta de Dioniso y Ariadna (Ver, Ariadna, Toante). Por su madre desciende de Creteo y, por tanto, de Eolo. Toante reinaba en la isla de Lemnos cuando sus mujeres decidieron dar muerte a todos los hombres. Por descuidar el culto a Afrodita, las lemnias se habían visto castigadas por la diosa, que las había condenado a despedir un olor espantoso. Sus maridos las rehuían y se dirigían a cautivas o extranjeras; para vengarse, pues, de este ultraje, las isleñas los asesinaron a todos. Únicamente Hipsípila no se resignó a dar muerte a su padre, y en la noche de la matanza, lo ocultó en un cofre otros dicen que lo revistió con los ornamentos de la estatua de Dioniso y lo condujo por la mañana al mar como si fuese el dios, al que iba a purificar después de los crímenes de la noche. Lo abandonó a las olas en esta improvisada embarcación, y al fin Toante se salvó (Ver su leyenda). Por tratarse de la hija del antiguo rey, las mujeres de Lemnos eligieron a Hipsípila por reina, precisamente en la época en que los Argonautas abordaron en la isla. Según los autores, tan pronto se afirma que fueron acogidos hospitalariamente por las lemnias, como que éstas empezaron óponiéndose con las armas a su desembarco. Pero su actitud se suavizó cuando los héroes se comprometieron a unirse a ellas. De este modo, Hipsípila se convirtió en la amante de Jasón y celebró entonces juegos fúnebres en honor de Toante, al que oficialmente se consideraba como muerto, y, en general, de todos los lemnios inmolados. De sus amores con Jasón, Hipsípila tuvo dos hijos: Euneo, citado en la Ilíada (Ver, Euneo), y otro, llamado tan pronto Nebrófono (o Nefronio) como Toante, igual que su abuelo. Más tarde, y con posterioridad a la partida de los Argonautas, las lemnias se enteraron de que su reina había salvado a su padre y quisieron darle muerte como castigo de lo que ellas consideraba una traición. Pero Hipsipila huyó de noche secretamente y fue apresada por unos piratas, que la vendieron como esclava al rey de Nemea, Licurgo. Allí, al servicio del monarca y de su esposa Eurídice, le fue encargada la custodia de su hijo de corta edad Ofeltes. Pero cuando acertaron a pasar los Siete Jefes y le pidieron les indicase una fuente donde mitigar la sed, Hipsípila descuidó un momento su vigilancia y el niño fue ahogado por una monstruosa serpiente (Ver, Arquémoro, Anfiarao). Llenos de cólera, Eurídice y Licurgo quisieron matar a Hipsípila, pero en este momento se presentaron los dos hijos de ésta, Euneo y el joven Toante, que iban en busca de su madre. Anfiarao, uno de los Siete, facilitó su reconocimiento mutuo gracias a un ramo de vid dorado que llevaban los jóvenes y que era un presente que en otro tiempo había hecho Dioniso a su abuelo Toante. Además, Anfiarao aplacó a Eurídice, y logró que permitiese a Hipsípila regresar a Lemnos con sus hijos. Tal es la versión seguida por Eurípides en su tragedia Hipsípila, en parte perdida. Para explicar el hecho de que Hipsípila se encontrase separada de su hijos, Eurípides imaginó que éstos se habían embarcado en el Argo cuando su padre hubo partido, un año después de su nacimiento, pues eran mellizos. Orfeo los había llevado luego a Tracia y los había educado allí. En Tracia, además, habían encontrado a su abuelo Toante. Evidentemente, estas aventuras novelescas no pertenecen a la leyenda primitiva; son más bien puras ficciones literarias y combinaciones secundarias.

