Pelias

Pelias es, con su hermano gemelo Neleo, hijo de Tiro y Posidón (o del dios-río Enipeo, cuya forma habría adoptado Posidón) (Ver, Tiro). Su padre "humano" es Creteo, y sus hermanastros, Esón, padre de Jasón, Feres y Amitaón. Tiro mantuvo secreto el nacimiento de los dos hijos que había tenido del dios y los expuso. Pasó una manada de caballos conducida por unos mercaderes, y una yegua dio un golpe con el casco a uno de los niños, dejando en su cara una señal lívida (en griego, pelion). Los mercaderes recogieron a los pequeños, y al que había recibido el golpe lo llamaron Pelias y al otro, Neleo. Otras versiones de la leyenda contaban que los gemelos habían sido alimentados por una yegua, el caballo es el animal sagrado de Posidón. Ésta es la tradición que sigue Sófocles en su tragedia perdida, Tiro. En tal caso, los dos hermanos habrían sido recogidos por un pastor, y más tarde, Tiro los habría reconocido gracias al arca de madera en la que habían sido depositados. Entonces libraron a Tiro de Sidero, su madrastra, que la maltrataba. Habiéndose refugiado Sidero en el altar de Hera, Pelias la persiguió hasta penetrar en el sagrado recinto, donde la mató, despreciando así el carácter sagrado de la diosa, a la que en adelante continuó tratando de modo impío. Al fin de su larga vida, esto le acarreó su perdición. Pelias y Neleo se disputaron el poder. Neleo fue expulsado por su hermano, retirándose a Pilos, en Mesenia. Entretanto, Pelias residía en Yolco, en Tesalia, donde se había casado con Anaxibia, hija de Biante (o, según otros, con Filómaca, hija de Anfión). De ella tuvo un hijo, Acasto, y cuatro hijas: Pisídice, Pelopia, Hipótoe y Alcestis. Un día en que Pelias se proponía ofrecer un sacrificio a Posidón en la orilla, convocó a gran número de sus súbditos, entre los cuales figuraba su sobrino Jasón, que había vivido en el campo. Al enterarse de la proclama real, apresuróse a acudir a la fiesta, pero al atravesar un río, perdió una sandalia y de este modo, con un pie descalzo, llegó a la ceremonia. Ahora bien, Pelias en otro tiempo había consultado el oráculo de Delfos, el cual le había advertido que desconfiase de un hombre que llevase calzado un solo pie. Cuando Pelias vio a Jasón calzado de esta manera, acordóse del oráculo y, acercándose a él, le preguntó qué haría, si fuese rey, con un hombre de quien supiese que había de destronarle. Respondióle Jasón que lo enviaría a conquistar el vellocino de oro. Quizás esta respuesta le fue dictada por Hera, que de este modo quiso llevar a Yolco a la maga Medea y hacer posible la muerte de Pelias. En todo caso, Pelias cogió a Jasón la palabra y lo envió a la conquista del toisón de oro (Ver, Argonautas, Jasón). Pelias, creyendo que se había librado definitivamente de su sobrino y había asegurado su poder, quiso dar muerte a su hermanastro Esón. Éste le pidió la gracia de poder elegir el género de muerte, y se envenenó bebiendo sangre de toro. Alcímeda, madre de Jasón, maldijo entonces a Pelias y se ahorcó, dejando un hijo de corta edad, Prómaco, que también fue suprimido por Pelias. En esto, a los cuatro meses de su partida, regresó Jasón, y aunque deseaba vengar la muerte de sus padres y de su hermano, disimuló su propósito y se trasladó a Corinto, donde deliberó con Medea sobre el modo de castigar a Pelias. Entonces Medea se dirigió sola a la corte de Yolco y convenció a las hijas del rey de que era capaz de rejuvenecer a su padre a quien aquejaban los primeros achaques de la vejez. Para demostrarles su aptitud, despedazó un viejo carnero y lo puso a cocer en un caldero junto con hierbas mágicas. Después de algún tiempo, salió de la vasija un cordero. Sin pensarlo más, las hijas de Pelias descuartizaron a su padre y lo hirvieron, de acuerdo con las instrucciones de Medea. Pero Pelias no resucitó. Horrorizadas ante su crimen, las jóvenes se desterraron voluntariamente y huyeron a Arcadia, donde, en tiempo de Pausanias, se enseñaba su tumba cerca del templo de Posidón, en Mantinea. Otra versión afirmaba que se habían casado y no se las consideraba culpables, puesto que habían sido únicamente los instrumentos de Medea. Sólo Alcestis, según los autores, se habría negado a participar en la operación mágica practicada en Pelias. Su piedad filial se lo habría impedido. Acasto, hijo de Pelias, recogió los restos de su padre y celebró en su honor solemnes funerales con juegos cuya fama ha perdurado. Higino nos ha conservado la lista de los vencedores, entre los cuales figuran Calais y Zetes, los Boréadas; Cástor y Pólux, los Dioscuros; Telamón y Peleo, hijos de Éaco; Heracles; Meleagro, que venció en el tiro de la jabalina; Cicno, hijo de Ares; Belerofonte, que obtuvo el premio en carreras de caballos; en cuadriga, Yolao, hijo de Ificles, venció a Glauco, hijo de Sísifo; Éurito, hijo de Hermes, se llevó el premio de tiro al arco; Céfalo, hijo de Deyón, el de la honda; Olimpo, discípulo de Marsias, el premio de flauta; Orfeo, el de la lira; Lino, hijo de Apolo, el de canto; Eumolpo, hijo de Posidón, el de canto con acompañamiento (el acompañante era Olimpo). A veces se agrega también a Atalanta, que habría ganado el premio de lucha, contra Peleo. A consecuencia del asesinato de su padre, Acasto desterró del reino de Yolco a Medea y Jasón. Ver, Yolcia.
 
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