Eclesiástico

o Libro de la Sabiduría de Jesús ben Sirac o Libro de Sirácides o Libro del Sirácida. Uno de los Libros Sapienciales del Antiguo Testamento, llamado de la Sabiduría porque enseña preceptos excelentes en todo linaje de virtudes. La tradición latina lo ha llamado Libro del Eclesiástico. No debe confundirse con el Eclesiastés, que es otro libro sapiencial del Antiguo Testamento. Tampoco debe confundirse con la expresión Libros Eclesiásticos, usada por algunos autores para referirse a los deuterocanónicos o al conjunto de los escritos del segundo canon que se leen en las iglesias. En la Biblia Septuaginta, este libro lleva el título de Sabiduría de Jesús, hijo de Sirac, de ahí que recibiera, así como su autor, los viejos sobrenombres de Sirácides o el Sirácida. El autor, además del nombre, precisa al final del libro que se trata de un judío de Jerusalén. Alguna variante de los textos griegos afirma también que es un sacerdote. A diferencia de otros Libros Sapienciales (como el de los Proverbios, el del Eclesiastés o de la Sabiduría, sólo de forma pseudonímica atribuidos al rey sabio Salomón) el Libro Eclesiástico es el único de entre los Libros Sapienciales de cuyo autor se sabe con certeza el nombre. Se trata posiblemente de un sabio de Jerusalén que escribió la obra hacia el año 190 a.C.. Se dedicó desde joven al estudio de la Ley y la Sabiduría, y buscó la salvación en la oración. Ben Sirac es un hombre que ha viajado y que dispone de una rica experiencia de vida basada en la observación. Ha sido calumniado con acusaciones falsas; aclarada la verdad por obra de Dios, entona un canto de acción de gracias que cristaliza en este libro. Algunos exponentes sugieren que Sirácides debió pertenecer a la escuela judía saducea, o que tal vez simpatizaba con sus ideas. Mas dado que el libro fue hallado entre los Manuscritos del Mar Muerto, así como en las ruinas del fuerte de Masada, es mucho más probable que su obra hubiera sido un texto universalmente aceptado y al que se recurría para alentar la fe de diferentes escuelas de judíos disidentes, y aun discrepantes unas de otras. Forma parte del Canon Amplio Oriental y Occidental, sustento de las Biblias propias de las iglesias cristianas ortodoxas, orientales y de la Iglesia Católica. Esta lo incluye entre los textos comúnmente tenidos por "deuterocanónicos", o sea de la "Segunda Colección". En las Biblias católicas se le suele ubicar al final de las series de textos y escritos sapienciales (después de Sabiduría) y antes de las series de los Libros Proféticos (antes de Isaías). Los judíos contemporáneos no lo incluyen en el Tanaj, aunque hay pruebas de que por lo menos algunos grupos judíos de tiempos de Jesús sí lo incluían entre los Escritos o Hagiógrafos, es decir, la tercera sección del Tanaj. Los protestantes lo consideran un libro "apócrifo", aunque algunos lo ven como lectura provechosa, y ciertas importantes Biblias editadas por protestantes, tales como la Biblia de Lutero, la Biblia de Jacobo VI de Escocia y I de Inglaterra (la famosa King James Version inglesa) de 1.611, así como las Biblias de Casiodoro de Reina, de 1.569, y de Cipriano de Valera, de 1.602, recientemente reeditadas bajo el título de La Biblia del Siglo de Oro, incluyen este libro y los otros deuterocanónicos, en la mayoría de los casos en una sección de "apócrifos". Su nombre castellano, el Eclesiástico, proviene de la voz latina Ecclesiasticus, nombre que le asignó Jerónimo en su Biblia Latina, llamada la Vulgata, y que, a su vez, proviene del griego Ekklesiastikón (libro de la iglesia, asamblea o congregación), nombre que le dio san Cipriano de Cartago, padre de la Iglesia, en clara referencia al uso que de él hacía la Iglesia, a causa de sus ricos contenidos morales, para la formación y la edificación del catecumenado, es decir, de las gentes que previamente habían sido ya bautizadas. En cuanto a su estructura, después de un exordio en que invita a seguir las sendas de la sabiduría (capítulo I), propone una larga serie de sentencias, máximas y consejos (capítulos II-XLIII) y luego entona un himno en alabanza de los patriarcas y varones egregios, desde Enoch hasta el gran sacerdote Simón (capítulos XLIV-L, 23). Termina con un epílogo, plegaria y última exhortación (capítulo L, 34-51).
 
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