Glauco

Hijo de Hipóloco, que con su primo Sarpedón, mandaba el contingente licio en el bando troyano y gozaba de renombre por su ingenio y valor. En el curso de los combates trabados en torno a la ciudad se encontró frente a frente con Diomedes, y ambos reconocieron que sus familias estaban unidas por lazos de hospitalidad. En efecto, por su padre Hipóloco, Glauco era nieto de Belerofonte, y a éste lo había recibido, en su palacio, Eneo, el abuelo de Diomedes, cambiándose entre sí los presentes acostumbrados. Eneo había dado un tahalí de púrpura, y Belerofonte una copa de oro. Ante Troya, sus descendientes renovaron este intercambio. Diomedes ofreció a Glauco sus armas, que eran de bronce, y éste las suyas, de oro. Después, cada uno volvió a ocupar su puesto en la batalla. Glauco lleva a cabo diversas hazañas; cuando Sarpedón cae herido, corre a socorrerlo, pero se lo impide Teucro, que lo hiere y le obliga a abandonar el combate. Atendiendo a su ruego, Apolo lo cura con tiempo suficiente para ir a recoger el cuerpo de Sarpedón, pero no puede impedir que los griegos despojen el cadáver de sus armas (Ver, Sarpedón). Después se reúne con Héctor y lucha por la posesión del cadáver de Patroclo, caído poco ha, pero muere a manos de Áyax hijo de Telamón. Por mandato de Apolo, los vientos transportaron su cuerpo a Licia. A este Glauco, nieto de Belerofonte, pretendía remontarse la dinastía de los reyes de Licia. Fue ejemplo de proverbial necedad por haber cambiado a Diomedes sus armas áureas, de un valor de cien bueyes, por otras broncíneas equivalentes a nueve.
 
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