Glauco

Existía un dios del mar llamado Glauco, al que se atribuye una genealogía distinta de la de su homónimo, el hijo de Sísifo. Era un pescador de la ciudad de Antedón, Beocia, e hijo del fundador de la misma, Antedón, y de Alcíone; o tal vez hijo de Posidón y una náyade, Nais. Al nacer era de raza mortal, pero comió casualmente una hierba que convertía en inmortal, y transformose en una divinidad marina. Las diosas del mar lo purificaron de cuanto de mortal quedaba en él y tomó una nueva forma: sus hombros adquirieron nuevo desarrollo, la parte inferior de su cuerpo se transformó en una poderosa cola de pez, y sus mejillas se poblaron de una barba de reflejos verdes como la pátina del bronce. Además, recibió el don de profetizar, del cual usaba a su antojo. Virgilio lo presenta como el padre de la Sibila de Cumas, que era también profetisa. Glauco se apareció en particular a Menelao cuando, de regreso de Troya, doblaba el cabo Malea. Acompañó también la nave Argo, de la que aparece como constructor en ciertas versiones de la leyenda. Combatió con los Argonautas. Glauco tuvo también amores célebres: cortejó a Escila, aunque en vano, y motivó la transformación de la muchacha en monstruo por medio de los encantamientos de Circe (Ver, Escila). Pese a ello, no pudo vencer el amor que sentía y la convirtió en diosa. Glauco trató igualmente de conquistar a Ariadna, abandonada por Teseo en la costa de Naxos. No consiguió su propósito, pero fue agregado al cortejo de Dioniso cuando este dios fue a buscar a la joven para convertirla en su esposa.
 
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