Glauco

Los mitógrafos conocían además otro Glauco, hijo de Minos y Pasífae. Un día en que, niño aún, iba persiguiendo un ratón, cayó en una jarra de miel y se ahogó. Minos lo buscó durante mucho tiempo, y, gracias a los adivinos, o tal vez al propio Apolo, acabó por encontrar su cadáver. Entonces le informaron los Curetes de que un hombre podía devolver la vida a Glauco: el que mejor supiese describir el color de una determinada vaca de sus rebaños, cuya tonalidad cambiaba tres veces al día: de blanca pasaba a roja y luego a negra, volviendo a reanudar el ciclo al día siguiente. Minos convocó a los hombres más hábiles de Creta y les pidió que describiesen el color de la vaca maravillosa. Uno solo lo consiguió: Poliido, hijo de Cérano, el cual respondió que la referida vaca tenía el color de la mora; ciertamente, este fruto empieza siendo blanco, luego se enrojece y, en estado de madurez, es totalmente negro. Minos, juzgando que Poliido había resuelto el enigma, le ordenó que devolviese la vida a Glauco y lo encerró con el cadáver. Poliido se hallaba sumamente perplejo cuando vio entrar en la sala una serpiente, que se dirigió hacia el cuerpo muerto. Temiendo que el animal lo devorase o por lo menos lo deteriorase, Poliido lo mató. Al poco tiempo entró una segunda serpiente, que, al ver a la otra sin vida, se retiró, pero no tardó mucho en volver llevando en la boca una hierba, con la que tocó a su compañera. Esta resucitó en el acto, y Poliido se apoderó al punto de la planta y frotó con ella a Glauco, que volvió inmediatamente a la vida. Sin embargo, Minos no se declaró satisfecho; antes de permitir a Poliido que regresase a Argos (o Corinto), su patria, quiso que el adivino enseñara su arte a Glauco y así lo hizo; pero al ser puesto en libertad, y en el momento de partir, escupió en la boca a su discípulo, con lo cual éste perdió toda la ciencia que acababa de adquirir. Según otras versiones, Glauco no fue resucitado por Poliido, sino por Asclepio.
 
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