Israel
Durante gran parte del II milenio los territorios situados al sur de Fenicia y Siria entre el Mediterráneo y el desierto arábigo por el este y la península de Sinaí por el sur quedaron al margen de los conflictos bélicos, que a menudo enfrentaron a las grandes potencias: Mitanni, Imperio hitita, asirios y egipcios. Desde mediados del siglo XVI a.C., tras la expulsión de los "reyes hicsos" del Delta, el dominio egipcio sobre Palestina no fue discutido hasta ca.1.200, cuando el área fue ocupada por elementos arameos procedentes del norte y un grupo de los "Pueblos del mar" (los "Peleset") derrotados por Ramés III. Todavía ca.930 a.C. el faraón Hedjeperre-Setepenre Sesonquis I realizó varias expediciones a Palestina y saqueó Jerusalén. Pero la presencia egipcia en el área se debía a motivos estratégicos o comerciales más que a razones políticas de expansión territorial, por lo que reinos, ciudades y pueblos existentes mantuvieron generalmente su autonomía local. Probablemente fue entonces, y no antes, cuando aprovechando el debilitamiento y destrucción de los "grandes imperios" orientales, se constituyó el estado de Israel, que en la tradición hebrea, sin embargo, se pretende remontar a épocas muy tempranas. Si los "habiru" (o "hapiru", esto es, mercaderes del desierto) que se mencionan en fuentes egipcias contemporáneas de la dominación hicsa (ss. XVIII a XVI a.C.) son los predecesores de los "hebreos" antes de su asentamiento en Canaán ("la tierra prometida") a mediados del siglo XIII (o "cananeos"), esta fecha constituiría un "terminus post quem" para la constitución de dicho estado, de tal modo que las "épocas" tradicionales de la historia antigua de Israel conforme a las fuentes bíblicas (época de los Patriarcas, de los Jueces, de los Reyes) corresponderían a un único proceso, pero sin intervalos apreciables entre sí. En este sentido se ha enfatizado recientemente el problema historiográfico que plantea la reconstrucción "real" de dicho proceso, dado que los datos aportados por los libros del "Antiguo Testamento" no son ajenos a la situación histórica israelita del siglo VI a.C. (regreso del cautiverio babilónico), fecha en que el relato bíblico fue elaborado. Mientras que la fase pre-exílica de Abraham, Isaac y Jacob remite a una organización tribal característica de grupos seminómadas, el pretendido "exilio egipcio" de las tribus de Israel, que tomaron el nombre de los 12 hijos de Jacob, es una clara extrapolación del auténtico "exilio babilónico" y sirve además para justificar la conquista de la "tierra prometida" por Josué contra tribus y "reyes" cananeos. Por su parte, la "época de los Jueces", a la que correspondería la figura de Moisés con el reglamento sinaítico ("las Tablas de la Ley") y la implantación del culto a Yahvé como "religión revelada" y supuestamente monoteísta, revela tan sólo la existencia de magistrados tribales no hereditarios que se esfuerzan en buscar un elemento de cohesión "nacional" que, en clave religiosa, justifique las luchas entre las tribus y ciudades vecinas como un enfrentamiento entre los "dioses nacionales" respectivos: Yahvé, de Jerusalén; Milkom, de Ammon; Kemosh, de Moab; Baal, de Tiro, y Hadad, de Damasco. En el mismo sentido desmitificador los "reyes" (ca.1.000 a.C.) fueron los verdaderos artífices del estado de Israel tras su imposición militar sobre las tribus y pueblos vecinos: filisteos, establecidos al oeste del país y que controlaban las colinas de la Cisjordania (sometidos por Saúl [1.030-ca.1.010] y David [ca.1.008-ca.968)); ammonitas, ubicados en la Transjordania; moabitas, al este del Mar Muerto, y edomitas, al sur de éstos y vecinos de los madianitas, tribus nómadas que realizaban incursiones periódicas en los centros sedentarios próximos. Aunque David consiguió superar la organización tribal existente unificando el territorio de Israel, entre el Éufrates, de influencia aramea, y el Sinaí, de influencia egipcia, Salomón (ca.972-931) se vio obligado a reforzar el culto oficial en torno al templo de Jerusalén y a dividir el país en 12 distritos fiscales. A su muerte el reino se escindió primero en dos (Israel al norte, sin capital fija ni continuidad dinástica; Judá al sur, con capital en Jerusalén), de los que poco después se disgregaron tanto las cinco ciudades filisteas (que constituyeron una "pentápolis") como las tribus cananeas de la Transjordania (ammonitas, moabitas, edomitas), que a duras penas mantuvieron su independencia. En esta época, las luchas que enfrentaron a los "reinos" de Judá e Israel, protagonizadas por Jeroboán, se saldaron con la imposición de la casa de Omrí y el establecimiento de una nueva capital israelita en Samaria, opuesta a la judaica de Jerusalén. A mediados del siglo VIII, este estado dividido e interiormente debilitado no pudo resistir el avance del ejército asirio de Salmanasar III (858-824) y sus sucesores, si bien todavía en 701, Ezequías resistió al asedio asirio de Jerusalén y salvó la ciudad y el templo, aunque perdió todos los territorios externos. Las poblaciones urbanas cananeas fueron deportadas a Mesopotamia, mientras que las campesinas permanecen mezcladas con nuevos elementos de repoblación aportados por los asirios. Cuando un siglo después el rey babilónico Nabucodonosor II atacó Jerusalén en 597 a.C. y deportó a la clase dirigente del reino a Babilonia, se inició un "cautiverio" que tan sólo duraría unas décadas, pero que, según todos los indicios, constituyó el "exemplum" en el que se inspiró el relato bíblico del origen y vicisitudes del pueblo-estado de Israel. Ver, Cronología de Israel.

