Sunamitas
Dos mujeres sunamitas se ganaron un puesto en la historia bíblica. Una de ellas, Abisag, fue elegida para reconfortar a David y darle calor. La otra, de la que no se menciona su nombre, proporcionó a Eliseo cama y comida y, a cambio, fue recompensada con un hijo, a pesar de que su marido era ya anciano. El niño murió, pero Eliseo lo resucitó, acostándose sobre él y poniendo su boca sobre su boca, sus ojos sobre sus ojos y sus manos sobre sus manos.

