Helio
Helio, el Sol, es una divinidad o, por lo menos, un genio dotado de existencia y personalidad propias, que se distingue de otras divinidades solares, como Apolo. Pertenece a la generación de los Titanes y, por tanto, es anterior a los Olímpicos. Pasa por ser hijo del titán Hiperión y de la titánide Tía. Es hermano de la Aurora (Eos) y de la Luna (Selene). Desciende de Urano y Gea. Helios tiene por esposa a Perseis, una de las hijas de Océano y Tetis. Le dio varios hijos: Circe, la maga; Eetes, rey de Cólquide; Pasífae, que fue la esposa de Minos, y un hijo, Perses, que destronó a su hermano Eetes y fue muerto por su propia sobrina Medea. Además, Helio se unió a otras varias mujeres: la ninfa Rodo, de la cual tuvo siete hijos: los Helíadas (Ver); Clímene, una de las hermanas de su esposa Perseis, que le dio hijas, conocidas también con el nombre de Helíades; Leucótoe, hija de Órcamo y Eurínome (Ver, Faetonte y CIitia). Se representaba a Helio como un joven en la plenitud de la virilidad y dotado de gran belleza. Su cabeza está rodeada de rayos, formando como una cabellera de oro. Recorre el cielo montado en un carro que arrastran corceles velocísimos, llamados Pirunte, Éoo, Aetón y Flegonte, cuatro nombres que evocan, cada uno, la idea de llama, fuego o luz. Todas las mañanas, precedido por el carro de Aurora, Helio, desde el país de los Indios, se lanza por un camino estrecho que pasa por el centro del cielo. Camina durante todo el día, y al anochecer llega al Océano, donde se bañan sus fatigados caballos. Él se retira a descansar en un palacio de oro, del que vuelve a partir de madrugada. El trayecto entre Occidente y Oriente que recorre bajo tierra, o bien sobre el Océano que rodea el mundo, en una embarcación que es una gran copa vacía (Ver, Heracles), es mucho más breve que el trayecto diurno, a lo largo de la bóveda celeste. Estas concepciones responden a ideas muy antiguas sobre la forma del mundo, y fueron abandonándose paulatinamente con los progresos de la Astronomía. Ello explica el carácter secundario de Helio en el panteón helénico. Desde la época homérica, Helio aparece como servidor de los dioses, una especie de funcionario, acantonado en su función de luminaria. Por ejemplo, no puede vengarse por sí mismo del insulto de los compañeros de Ulises al sacrificar y comerse parte de sus rebaños en la isla de Trinacia (Sicilia); tiene que pedir la reparación a Zeus y a los demás dioses, amenazando, si se le niega el castigo de los culpables, con retirarse bajo tierra. Estos bueyes del Sol, que los compañeros de Ulises se comieron, eran animales de blancura inmaculada y dorada cornamenta, y los cuidaban las hijas del Sol, las Helíades (Ver). Con frecuencia se considera a Helio como el ojo del mundo. Es el que todo lo ve. Como tal, cura la ceguera de Orión. Sobre la disputa entre Helio y Posidón, Ver, Posidón. Era el dios tutelar de Rodas; a la entrada del puerto, el célebre coloso representaba su efigie.

