Heracles 2

)o( Comienza en el registro Heracles 1 )o(

)o()o( EXPEDICIONES DE HERACLES )o(

Según el orden adoptado generalmente por los mitógrafos, la primera de las grandes expediciones emprendidas por Heracles es la que lo situó ante Troya. Las causas de esta guerra son las siguientes. De regreso del país de las Amazonas, Heracles abordó en Troya. Por este tiempo la ciudad entera estaba de luto, afligida por los efectos de la cólera de Apolo y Posidón. Estos dos dioses habían levantado fortificaciones alrededor de la plaza con ayuda de Éaco, y el rey del país, Laomedonte, se había negado a abonarles el salario convenido (Ver, Apolo). Para castigar al monarca por su perfidia, Apolo había enviado una peste, que asolaba la ciudad, y Posidón, un monstruo marino que devoraba a sus habitantes. Un oráculo había revelado que estas calamidades podrían ser esquivadas si Hesíone, la hija del rey, era ofrecida a la voracidad del monstruo. Heracles llegó a Troya cuando Hesíone, encadenada a una roca, iba a ser víctima de aquél. Inmediatamente se ofreció a Laomedonte para salvar a su hija si el rey le daba en pago las yeguas que Zeus le había regalado en otro tiempo como compensación por Ganimedes (Ver). Así lo prometió Laomedonte, y Heracles aniquiló al monstruo, pero al reclamar la recompensa, ésta le fue negada. El héroe se marchó de Troya amenazando con volver un día y apoderarse de la ciudad (Ver, Hesíone). La oportunidad de llevar a efecto su amenaza se presentó algunos años más tarde, cuando habían terminado ya los Doce Trabajos y cumplido la servidumbre en casa de Ónfale. Tan pronto estuvo en libertad, Heracles reclutó un ejército de voluntarios y se hizo a la vela rumbo a Troya con una flota de dieciocho naves de cincuenta remeros. Abordó en el puerto de Ilión y confió la guardia de los barcos a Oícles; él, a la cabeza de su hueste, atacó la ciudad. Entretanto, Laomedonte efectuó una salida contra la flota y dio muerte a Oícles; pero los hombres de Heracles acudieron en auxilio de la reducida guarnición que había quedado en las naves, y el enemigo tuvo que retirarse. Comenzó el asedio, que fue de corta duración. Pronto Telamón, uno de los más fieles compañeros de Heracles, franqueó la muralla y penetró en la ciudad; Heracles entró en segundo lugar. Irritado al ver que otro lo superaba en valor, estaba a punto de matar a Telamón cuando éste se agachó y recogió unas piedras. El héroe, intrigado, le preguntó qué hacía. Telamón le respondió que estaba erigiendo un altar a Heracles Vencedor. Heracles le dio las gracias y, naturalmente, le perdonó la vida. La ciudad cayó muy pronto. Con sus flechas el héroe dio muerte a Laomedonte y a sus hijos, con excepción de Podarces, el que luego reinaría con el nombre de Príamo, otorgó la mano de Hesíone a Telamón y permitió a la joven que escogiese entre los prisioneros al que quisiera. Ella eligió a su hermano Podarces, y al decirle Heracles que primero debía éste pasar a ser esclavo y después podría ella rescatarlo, la doncella despojóse del velo y lo dio como rescate del niño, lo cual valió a éste un nuevo nombre, Príamo, que recuerda la raíz del vocablo griego que significa ""comprar"". Sobre los amores de Heracles y Auge en Troya, ver, Auge. En su camino de regreso, nuevas aventuras aguardaban a Heracles. A instigación de Hera, Hipno, el dios del sueño, había sumido al héroe en un profundo letargo, y la diosa se aprovechó de él para levantar una tempestad, que arrojó su nave a la costa de Cos. Los habitantes de la isla, creyendo verse atacados por piratas, trataron de alejarlos a pedradas, lo cual no impidió que Heracles y sus compañeros desembarcasen y se apoderasen de la ciudad durante la noche, dando muerte al rey del país, Eurípilo, que era hijo de Posidón y Astipalea. Luego Heracles se unió a la hija de Eurípilo, Calcíope, y le dio un hijo, Tésalo (Ver). Sin embargo, otra leyenda, que no concuerda muy bien con la anterior, cuenta que, durante el combate, Heracles fue gravemente herido por Calcodonte, y sólo lo salvó la intervención de Zeus (Ver, Calcodonte). Todavía se relataba de otro modo el desembarco en Cos: cuando abordó en la isla, Heracles había perdido todas sus naves durante la tempestad, excepto la que le conducía a él. En Cos encontró al hijo del rey Eurípilo, Antágoras, que guardaba un rebaño. El héroe, hambriento, le pidió un carnero; pero Antágoras, en vez de dárselo, le desafió a luchar, quedando el animal como premio para el que resultase vencedor. Durante el pugilato, los moradores de la isla creyeron que Antágoras era atacado, y se precipitaron en su ayuda, entablándose un reñido combate. Heracles, impotente ante el gran número de sus agresores, tuvo que huir y se refugió en la choza de una mujer, donde, para no ser descubierto, vistióse con ropas femeninas. Desde Cos, Heracles pasó a Flegras donde participó en la lucha de los dioses contra los gigantes (Ver, Alcioneo).

)o()o( GUERRA CONTRA AUGIAS )o(

Augias había negado al héroe el salario convenido cuando éste limpió los establos de sus caballos (Ver, Augias), y, además, lo había desterrado de su reino, Élide. Para vengarse, Heracles reunió un ejército de voluntarios arcadios y se dirigió contra Élide. Pero Augias puso al frente de sus tropas a sus dos sobrinos, los Moliónidas (Ver) Éurito y Ctéato, los cuales aniquilaron el ejército arcadio e hirieron mortalmente al hermano de Heracles: Ificles. Los mitógrafos explican esta derrota del héroe diciendo que éste se hallaba enfermo, y que los Moliónidas se aprovecharon cobardemente de esta circunstancia. Más tarde, cuando la celebración de los terceros Juegos Ístmicos, habiendo los habitantes de Élide enviado en su representación a los Moliónidas, Heracles les dio muerte en una emboscada, en Cleonas. Preparó entonces una segunda expedición contra Élide, tomó la ciudad, mató al rey Augias y colocó en el trono a su hijo Fileo, que en otra ocasión se había manifestado en favor suyo. Después de esta expedición, Heracles instituyó los Juegos Olímpicos y consagró en Olimpia el recinto sagrado, llamado Altis, donde dedicó un santuario a Pélope. Existía cierto número de tradiciones locales relativas a la ""retirada"" de Heracles ante los Moliónidas. El héroe, se decía, por ejemplo, había huido de una sola carrera hasta Buprasio, y al ver que nadie lo perseguía, se había parado a descansar junto a una fuente cuya agua le pareció particularmente buena, por lo cual llamó al manantial Bady (que, en el dialecto de Élide, significa ""agradable"").

)o( Expedición contra Pilos )o(

En Pilos, Mesenia, reinaba Neleo, padre de once hijos, el mayor de los cuales era Periclímeno, y el menor, Néstor. Heracles estaba resentido con Neleo por haberse éste negado a purificarlo cuando la muerte de Ífito (Ver). Periclímeno había llegado incluso a ordenar su expulsión del país, en tanto que Néstor, solo entre todos los hijos de Neleo, había aconsejado, en vano, que se accediese al deseo del héroe. Éste resolvió vengarse. Se cuenta también que, durante la guerra contra los minias de Orcómeno, Neleo había combatido junto al rey de Orcómeno contra Heracles y sus tebanos, por ser yerno del rey. O bien que Neleo había intentado robar al héroe una parte de los rebaños de Geriones. Sea ello lo que fuere, una vez hubo derrotado a Augias, Heracles se volvió contra Neleo. El principal episodio de esta guerra es el combate entre Heracles y Periclímeno. Éste tenía por padre ""divino"" a Posidón, de quien había recibido el don de transformarse a voluntad en el animal que desease; tan pronto tenía figura de serpiente, como de águila, etc. Para atacar al héroe se transformó en abeja, y se colocó debajo del yugo de sus caballos. Pero Atenea velaba, y advirtió a Heracles que su enemigo estaba muy cerca de él, que era la abeja que tenía ante su vista. Heracles la mató de un flechazo, o la aplastó entre los dedos. Al parecer, en el curso de la misma batalla, Heracles hirió a varias divinidades: a Hera, en el seno, con una flecha; a Ares, en el muslo, con su lanza. Según la versión que presenta Píndaro, también Posidón y Apolo tomaron parte en la lucha. Pilos cayó poco después de la muerte de Periclímeno. Heracles mató a Neleo y a todos sus hijos, con excepción de Néstor, a quien perdonó, ya por su actitud de benevolencia para con él, ya porque se encontrase ausente de la ciudad (Ver, Néstor). Según una tradición conservada por Pausanías, llegó incluso a confiarle el reino, pidiéndole lo guardase en depósito hasta que los Heraclidas se presentasen a reclamárselo.

)o( Guerra contra Esparta )o(

En Esparta reinaban Hipocoonte y sus veinte hijos, los Hipocoontidas, que habían expulsado del poder a sus legítimos herederos, Icario y Tindáreo (Ver, Icario), de quienes Hipocoonte era hermanastro. Heracles emprendió una expedición contra ellos. Uno de los motivos que alegaba era su deseo de restituir el reino a Icario y Tíndaro; otro, el de vengar la muerte de Eono, sobrino-nieto de Heracles e hijo de Licimio. Este niño se paseaba un día por Esparta, y, al hallarse frente al palacio de Hipocoonte, salió de él un moloso y trató de morderlo. Eono, cogiendo una piedra, se la tiró al perro. Los Hipocoontidas arremetieron contra él y lo mataron de una paliza. Se dice también que los Hipocoontidas habían sido aliados de Neleo en la guerra anterior. Heracles reunió su ejército en Arcadia y pidió la ayuda de Cefeo y sus veinte hijos; a pesar de algunas vacilaciones éstos accedieron (Ver, Celeo). En la batalla decisiva perecieron Cefeo y sus hijos, así como Ificles, (ver, supra, la versión según la cual Ificles fue muerto por los Moliónidas en la guerra contra Augias). Pero Heracles aniquiló a Hipocoonte y sus hijos, y restituyó el reino a Tindáreo (Ver). En la lucha, Heracles fue herido en una mano, y curado por Asclepio en el templo de Deméter Eleusina, sobre el monte Taigeto. En memoria de su victoria erigió dos templos en Esparta, uno en honor de Atenea y otro en el de Hera, para agradecer a esta última el no haberle causado perjuicio durante esta guerra.

)o( La alianza con Egimio )o(

Mientras las expediciones precedentes se han desarrollado todas en el Peloponeso, las tres distintas guerras emprendidas después de la alianza de Heracles con el rey Egimio, ""rey de los dorios"", nos transportan a Tesalia, al norte de la Grecia continental. La primera fue dirigida contra los lapitas, al mando de Corono, hijo de Ceneo (Ver). Los lapitas amenazaban a Egimio, y lo acosaron hasta tal punto, que éste se vio obligado a solicitar la alianza de Heracles, prometiéndole la tercera parte de su reino en caso de victoria. Heracles no tuvo que emplearse a fondo para derrotar a los lapitas, pero renunció a la recompensa, pidiendo sólo a Egimio que la reservase para los Heraclidas. Después de esta primera victoria, Heracles volvió sobre una antigua disputa con un pueblo vecino, los dríopes, que habitaban el macizo del Parnaso. Cuando Heracles y Deyanira fueron expulsados de Calidón, partieron con su primer hijo, Hilo. Mientras atravesaban el país de los dríopes, el niño tuvo hambre. Heracles vio entonces al rey Tiodamante, que estaba labrando con una yunta de bueyes, y le pidió algo de comer para su hijo; pero el rey se negó a darle nada. Ante esta actitud, Heracles desunció uno de los bueyes, lo sacrificó y despedazó, y luego se lo comió en compañía de Deyanira e Hilo. Mientras tanto, Tiodamante huyó a la ciudad, de donde volvió al frente de un destacamento. Entablóse la lucha, que al principio fue desfavorable para el héroe, hasta el extremo de que la propia Deyanira hubo de armarse y fue herida en el pecho. Finalmente, el triunfo cayó del lado de Heracles, quien dio muerte a Tiodamante. Más tarde, después de la campaña contra los lapitas, como sea que los dríopes los habían sostenido, Heracles se dirigió contra éstos y se vengó matando a su rey Laógoras, que se había hecho culpable de profanación de un santuario de Apolo al celebrar un banquete en el sagrado recinto, y apoderándose del reino. Los habitantes huyeron en tres grupos: unos se trasladaron a Eubea, donde fundaron la ciudad de Caristo; otros, a Chipre, y un tercer grupo buscó refugio junto a Euristeo, quien, por odio a Heracles, los acogio y permitió que fundasen tres ciudades en su territorio: Ásine, Hermíone y Éyones. La tercera expedición del mismo ciclo es la que llevó a Heracles a tomar la ciudad de Orminio, al pie del monte Pelión. El rey de esta ciudad, Amintor, se había opuesto a que el héroe pasara por su territorio; Heracles prefirió apoderarse de él y dio muerte al rey. Diodoro da otra explicación: Heracles había pedido a Amintor la mano de su hija Astidamía, pese a hallarse ya casado con Deyanira. El rey se negó; Heracles se apoderó de la ciudad y se llevó a Astidamía, a la que dio un hijo: Ctesipo.

)o()o( AVENTURAS SECUNDARIAS )o(

La característica común de las aventuras clasificadas en esta categoría es la de que no forman parte de ciclos, como las precedentes, ni fueron impuestas al héroe, como los doce grandes trabajos. Se presentan como otros tantos episodios casi independientes entre sí, que los poetas y mitógrafos han introducido, de manera casi siempre artificial, en el relato de uno de los ""trabajos"" o en el de una expedición dirigida por Heracles.

)o( 1.- Folo y los centauros )o(

Las aventuras ocurridas en las tierras de Folo se relacionan generalmente con la cacería del jabalí de Erimanto. Al emprender la batida contra este animal, Heracles hubo de atravesar la región de Fóloe, habitada por un centauro llamado Folo, epónimo del país. Dioniso le había regalado una jarra de vino sellada, recomendándole que no la tocase antes de que Heracles se presentara a pedirle hospitalidad. Según otra versión, esta jarra era propiedad común de los centauros, y ninguno podía beber de ella si no bebían todos a la vez. Sea como fuere, al llegar Heracles a la casa de Folo, éste lo acogió hospitalariamente y le ofreció carnes de todas clases, que mandó guisar para su invitado, mientras él las comía crudas. Saciada su hambre, Heracles tuvo sed y le pidió vino. Folo se excusó diciendo que no estaba autorizado a servirse él solo de la jarra. Heracles le replicó que nada debía temer, y pronto los dos se pusieron a beber. Pero el aroma del vino no tardó en atraer a los centauros, los cuales acudieron furiosos, armados de hachones, rocas y árboles enteros que arrancaron de la montaña. Entablóse el combate; los primeros centauros que se lanzaron al ataque fueron Anquio y Agrio, los cuales cayeron pronto atravesados por las flechas de Heracles. A los demás, el héroe los persiguió hasta el cabo Maleo, donde el centauro Élato, herido en un codo por una flecha, se refugió en la gruta de Quirón. La flecha hirió también a éste (Ver, Quirón). La mayoría de los centauros hallaron asilo en Eleusis. Su madre Néfele (la Nube) acudió en su auxilio, vertiendo abundante lluvia. En la lucha, Heracles dio muerte a diez centauros: Dafnis, Argeo, Anfión, Hipotión, Orio, Isoples. Melanquetes, Tereo, Dupón, Frixo y Hómado, además de Anquio y Agrio, caídos en el primer choque. También murió Folo, aunque de modo accidental. Mientras enterraba a sus congéneres, extrajo una flecha de una herida, asombrado de que un objeto tan pequeño pudiese causar tanto daño. Manipulando con la flecha, la dejó caer torpemente sobre un pie, causándose una herida mortal. Cuando regresó a Fóloe, Heracles quedó desolado al encontrar muerto a su anfitrión, y le dedicó magníficos funerales.

)o( 2.- Euritión )o(

El combate contra el centauro Euritión se relaciona generalmente con las aventuras ocurridas en la corte de Augias. Desterrado de Élide por éste, Heracles se refugió en Óleno, junto al rey Dexámeno (Ver). Óleno era una ciudad de Acaya, pero existía una homónima en Etolia, y la leyenda aparece ubicada tan pronto en una como en otra. Aunque las versiones difieren, el rasgo esencial en todas ellas es una tentativa de violación de que se hizo culpable el centauro, y de la que fue víctima la hija de Dexámeno, llamada por unos autores Hipólita, y por otros, Mnesímaca. Se contaba, por ejemplo, que Dexámeno había prometido a su hija al arcadio Azán. Euritión, invitado a la comida de boda, había intentado raptar a la joven, pero Heracles se presentó a tiempo para impedirlo y lo mató. Luego devolvió la doncella a su prometido. Otra versión cuenta que el propio Heracles, cuando se dirigía a la corte de Augias, había seducido a la muchacha prometiéndole casarse con ella a su regreso. Durante su ausencia, Euritión cortejó a la joven, y Dexámeno, atemorizado, no se atrevió a negarle la mano de su hija. Cuando la boda estaba a punto de celebrarse, llegó Heracles, dio muerte al centauro y se casó con la princesa, la cual, en esta versión, lleva el nombre de Deyanira (Ver, Dexámeno y más adelante, un episodio análogo en relación con Deyanira y Neso).

)o( 3.- Resurrección de Alcestis )o(

Esta leyenda está relacionada con el paso de Heracles por Tesalia, cuando, por orden de Euristeo, iba en busca de las yeguas del tracio Diomedes. Por lo menos ésta es la versión seguida por Eurípides en su tragedia Alcestis. Mas Apolodoro considera este episodio como uno de los que marcaron las aventuras de Heracles e Ífito. Por otra parte, es probable que la intervención de Heracles en este mito sea una evolución tardía. En el tema primitivo, es la propia Perséfone, quien, conmovida por la abnegación de la joven, la devuelve a la vida espontáneamente, y no el héroe el que obliga a Tánato (la Muerte) a restituir su presa (Ver, Alcestis).

)o( 4.- Cicno )o(

El combate contra Cicno y su padre Ares es referido por Apolodoro al viaje al país de las Hespérides (Ver el relato en el registro Cicno).

)o( 5.- Busiris )o(

Las aventuras de Heracles con el rey de Egipto Busiris se relacionan también con la búsqueda de las manzanas de oro. Sobre la crueldad de este rey, hijo de Posidón, que sacrificaba a los extranjeros en el altar de, su padre y terminó muriendo a manos del propio Heracles, ver Busiris.

)o( 6.- Anteo )o(

La leyenda de Anteo guarda estrecha relación con la de Busiris. Como ella, constituye un episodio del viaje de Heracles a Libia, en busca de las manzanas de oro. Lo mismo que Busiris, Anteo pasaba por ser hijo de Posidón, e igual que él, mataba a los viajeros para ofrecer sus despojos a su padre. Pero, además, era hijo de la Tierra y poseía una fuerza considerable, condición que faltaba a Busiris. Heracles lo mató luchando (Ver, Anteo), y después se unió a la mujer de su víctima, Ifínoe, dándole un hijo llamado Palemón. Un episodio inesperado es la venganza que los pigmeos, raza de hombres muy pequeños que habitaban en los confines de Egipto y Libia, trataron de llevar a cabo en la persona de Heracles. Como Anteo, eran hijos de la Tierra y lloraban la muerte de su hermano. Atacaron al héroe mientras dormía, con intención de matarlo, pero Heracles se despertó, se echó a reír y, cogiendo a todos los pigmeos con una mano, los encerró en su piel de león y los llevó a Euristeo.

)o( 7.- Ematión )o(

Ematión era hijo de Eos (la Aurora) y de Titono, y, por tanto, hermano de Memnón. Reinaba en Arabia, o tal vez en Etiopía. Heracles chocó con él durante el viaje al Jardín de las Hespérides, cuando remontaba el valle del Nilo. Ematión acometió al héroe, pero fue vencido y muerto. Una tradición sostiene que había querido impedir a Heracles que se llevase las manzanas de oro. Sin embargo, lo más frecuente, es situar esta aventura en el camino de regreso, cuando Heracles se disponía a embarcar en la copa del Sol para dirigirse hacia el Este, a la región del Cáucaso. Después de matarlo, Heracles confió su reino a Memnón. Una tradición totalmente aberrante atribuye a Ematión la paternidad de Romo, el cual sería en este caso el fundador de Roma.

)o( 8.- Liberación de Prometeo )o(

Al atravesar el Cáucaso para ir al Jardín de las Hespérides, o bien, como se cree más frecuentemente, en el viaje de regreso, Heracles derribó de un flechazo el águila que devoraba el hígado de Prometeo. Obró así de acuerdo con Zeus, quien deseaba que esta hazaña aumentase la gioria de su hijo (Ver, Prometeo).

)o( 9.- Combate contra Licaón )o(

Licaón era hijo de Ares y de Pirene y, por tanto, hermano del tracio Diomedes y de Cicno. Reinaba sobre un pueblo de Macedonia, los crestonios, que vivían a orillas del Equedoro. El país se llamaba ""Europa"", del nombre de Éurope, abuelo de Pirene. Atravesando Heracles, cuando iba en busca de las manzanas de oro, un bosque sagrado de Pirene, Licaón lo interpeló y lo agredió. El héroe le dio muerte.

)o( 10.- Combate contra Alcioneo )o(

Cuando Heracles regresó de Eritia con los rebaños de Geriones, fue atacado por el gigante Alcioneo, que habitaba en el istmo de Corinto. El gigante lo atacó a pedradas, y el héroe lo abatió con su maza. Se enseñaban en el istmo las enormes rocas testigos de esta lucha. Esta leyenda, que sitúa el combate en el plano ""humano"" de las aventuras de Heracles, tiene una réplica en otro combate, integrado en la Gigantomaquia, donde Alcioneo es un monstruo divino, al que vence Heracles con la ayuda de Atenea. Este episodio se sitúa después de la expedición contra Troya (Ver, Alcioneo).

)o( 11.- Captura de los Cercopes )o(

Dícese que con destino a Ónfale, de la cual a la sazón era esclavo, Heracles capturó a los Cercopes, dos bandidos que empleaban su tiempo despojando y engañando de mil maneras a los viajeros. Este episodio, situado primero en Tesalia, se ubicó definitivamente en el Asia Menor, al ser relacionado con el ""ciclo de Ónfale"". La aventura de los Cercopes suministra temas de comedias bufas, como tantas otras hazañas ""populares"" de Heracles (Ver, Cercopes).

)o( 12.- Sileo )o(

Como para la captura de los Cercopes, Heracles, durante el período de esclavitud en casa de Ónfale, hubo de servir a Sileo, un viñador que obligaba a los viandantes a trabajar en su viña (Ver, Sileo). Se trata de un cuento folklórico utilizado por Eurípides como tema de un drama satírico en el que Heracles interviene con su habitual glotonería.

)o( 13.- Litierses )o(

Heracles se vio obligado a combatir con Litierses, el ""segador maldito"", hermano del rey Midas, cuando servía en casa de Ónfale. La historia de Litierses (Ver) es, como la de Sileo y la de los Cercopes, un tema folklórico que sirvió de asunto a un drama satírico de Sosíteo.

)o( 14.- Leyendas varias )o(

Existía cierto número de narraciones, aparte las citadas, en las cuales intervenía Heracles. Por ejemplo, es mencionado entre los Argonautas, aunque su presencia entre ellos no parece pertenecer a la leyenda primitiva. En efecto, contábase que la nave Argo, que estaba dotada del don de la palabra, se había negado a permitir que el héroe embarcase, temerosa de no poder soportar su peso. Todas las versiones que lo cuentan en el número de los Argonautas coinciden en el hecho de que abandona la expedición antes de la llegada a Cólquide (ver anteriormente, Argonautas, y el episodio de Hilas). En la época en que la leyenda de Heracles había llegado, poco a poco, a alcanzar la importancia preponderante que conocemos, parecía que el héroe debía figurar en todas las narraciones principales, sobre todo si se trataba de hazañas maravillosas. Cuando el dato primitivo excluía la intervención del héroe, se procuraba modificarlo de modo que permitiese introducirle o, por lo menos, explicar la razón de su ausencia. Se contaba, por ejemplo, que Heracles había dado muerte a los dos hijos de Bóreas como venganza por haber aconsejado a los Argonautas que lo abandonasen en la costa de Asia Menor (Ver, Boréadas). Esta tradición, reciente, ha sido ideada para unir dos ciclos independientes en su origen: el de Heracles y los mitos tesalios de Bóreas. De igual manera, Heracles pasaba por haber enterrado a Ícaro en la isla de Dólique. En recompensa, Dédalo había esculpido una estatua del héroe y la había consagrado en Pisa de Élide. De esta manera quedaban unidos dos ciclos: el de Dédalo y el de Heracles.

)o()o( ÚLTIMOS AÑOS, MUERTE Y APOTEOSIS )o(

Si se exceptúan las leyendas de la infancia y, hasta cierto punto, el ciclo de los Doce Trabajos, ninguna otra parte de las tradiciones heracleas forma un conjunto tan coherente como el relato, particularmente dramático, de los acontecimientos que condujeron al héroe a su apoteosis final en el Eta. Esta organización de las leyendas es fruto sobre todo de la labor de los poetas trágicos, y ciertamente, no se debe al azar que las Traquinias de Sófocles sean, para este final del mito de Heracles, la más importante y elaborada de las fuentes de que disponemos. El ""hilo conductor"" del drama es el amor de Deyanira. Este amor sirve para relacionar aventuras tan diversas como la lucha contra Neso, la muerte de Ífito, la esclavitud en casa de Ónfale y, finalmente, la catástrofe y la muerte del héroe. El matrimonio con Deyanira quedó concertado cuando el encuentro, en los Infiernos, de Héracles y Meleagro. Sin embargo, Heracles no obtuvo la mano de la joven sin dificultad, pues hubo de conquistarla al dios-río Aqueloo en encarnizada lucha (Ver, Aqueloo). Durante algún tiempo, Heracles vivió con Deyanira en Calidón, junto a su suegro Eneo, pero pronto, perseguido por la fatalidad, causó involuntariamente la muerte de Éunomo, hijo de Arquiteles, pariente de Eneo, que servía en su casa en calidad de paje (Ver, Éunomo). A pesar de que Arquíteles perdonó al héroe el homicidio, éste no quiso permanecer por más tiempo en Calidón y se exiló con su esposa y su hijo Hilo. Durante este viaje hubo de luchar, por tercera vez, contra un centauro: Neso. Neso habitaba a orillas del río Eveno, donde se dedicaba a pasar a los viandantes. Cuando Heracles se presentó con Deyanina, Neso pasó al héroe en primer lugar, y regresó luego para recoger a Deyanira; pero durante el trayecto trató de violar a la joven, la cual pidió auxilio. El héroe, de un flechazo, traspasó el corazón del centauro en el preciso instante en que llegaba a la orilla. Neso, al morir, llamó a Deyanira y le dijo que si alguna vez su marido dejaba de amarle, ella podría reavivar su amor con ayuda de un filtro que elaboraría con la sangre que manaba de su herida. Deyanira, crédula, recogió la sangre de Neso y se la guardó. Las tradiciones discrepan acerca de la composición de este supuesto filtro amoroso: ora se trata exclusivamente de la sangre de Neso, ora de una mezcla de esta sangre con la que había manado de las heridas de la hidra de Lerna; ora, en fin, de la sangre del centauro a la que Deyanira habría añadido el semen que éste esparció al intentar violarla. Un segundo episodio del viaje es su encuentro con Tiodamante (Ver, supra) y el combate contra los dríopes. Pero Heracles, Deyanira e Hilo llegaron, finalmente, a la mansión de Ceix (Ver), quien los acogió favorablemente y les dio hospitalidad. Heracles emprendió para Ceix varias expediciones, que llevó a buen fin (Ver, supra). En este momento se sitúa la muerte de Ífito (Ver), hijo de Éurito. A consecuencia de este asesinato a Heracles le sobrevino un nuevo ataque de locura.. Entonces se trasladó a Delfos para preguntar a la Pitia cómo podría ""purificarse""; pero ésta se negó a contestarle. Heracles, enojado, amenazó con saquear el santuario y comenzó por apoderarse del trípode profético, pretendiendo ir a establecer en otro lugar un oráculo propio. Apolo acudió en auxilio de su sacerdotisa y se entabló una lucha entre el héroe y su hermano, el dios, pero Zeus envió un rayo para separar a los contrincantes. Heracles abandonó su intento, y la Pitia le reveló al fin el oráculo pedido: para quedar purificado definitivamente, Heracles debía venderse como esclavo y servir a su dueño por espacio de tres años, compárense, anteriormente, las condiciones en las cuales había tenido que someterse a Euristeo. El dinero de la venta sería entregado a Éurito, padre de Ífito, en concepto de ""precio de la sangre"". Heracles se sometió y fue comprado por Ónfale, reina de Lidia, por tres talentos. El dinero fue ofrecido a Éurito, quien rehusó esta compensación. Sirviendo a Ónfale, Heracles realizó varias proezas: la captura de los Cercopes, los combates contra Sileo y Litierses (Ver, supra). Los autores se muestran especialmente pródigos en detalles acerca de los amores del héroe y la reina. Se han complacido en representar a Heracles vestido, a la moda lidia, con largos ropajes femeninos, mientras la soberana había adoptado sus atributos: la maza y la piel de león. Heracles, sentado a sus pies, aprendía a hilar. Hay aquí un tema folklórico (el cambio de vestidos) que los moralistas y filósofos han explotado ampliamente como ""ejemplo"". En este período de servidumbre en casa de Ónfale (Ver, Meleagro), los mitógrafos situaban la cacería del jabali de Calidón, así como las hazañas de Teseo contra los bandidos que infestaban el istmo de Corinto. De este modo explicaban la ausencia del héroe durante estos acontecimientos (Ver, supra). Según Apolodoro, tan pronto Heracles se vio libre de su servidumbre, ya transcurridos los tres años prescritos por el oráculo, emprendió su gran expedición contra Troya (Ver, supra). Según otros, esta campaña se sitúa después de la guerra contra las Amazonas, y, por tanto, se intercala entre los Doce Trabajos, después de la conquista del cinturón de Hipólita. Más generalmente se atribuye al mismo período la guerra contra Éurito y la toma de Ecalia. Sobre las causas de esta guerra, véase Éurito. Heracles había pedido la mano de Yole, hija de Éurito, antes de su matrimonio con Ónfale y, cuando se hubo apoderado de la ciudad de Ecalia, convirtió a Yole en su concubina. Mientras tanto, Deyanira, que permanecía en casa de Ceix, supo por Licas, un compañero de Heracles, que a causa de Yole corría peligro de verse olvidada. Entonces se acordó del filtro amoroso que Neso le había dado al morir, y decidió recurrir a él. Heracles, después de su victoria sobre Éurito, quiso consagrar un altar a Zeus en acción de gracias. Para esta ceremonia había enviado a su compañero Licas a Traquis, a pedir a Deyanira un vestido nuevo. Deyanira impregnó una túnica con la sangre de Neso y entregó la prenda a Licas. Sin sospechar nada, Heracles revistióse con la túnica y se dispuso a ofrecer el sacrificio a Zeus. Pero a medida que la túnica se iba calentando al contacto de su cuerpo, el veneno que la impregnaba desarrolló su acción, y atacó la piel. Pronto el dolor fue tan agudo que Heracles, fuera de sí, cogió a Licas por un pie y lo arrojó al mar, al mismo tiempo que porfiaba por quitarse la túnica fatal. Pero el tejido estaba adherido a su cuerpo, y, al tratar de arrancarlo, seguía con él la carne. En tal estado fue transportado a Traquis por mar. Cuando Deyanira se dio cuenta de lo que había hecho, se suicidó. Heracles tomó entonces sus últimas disposiciones. Confió su concubina Yole a su hijo Hilo, y le pidió se casase con ella cuando tuviese la edad. Luego subió al monte Eta, cerca de Traquis, y en la cumbre levantó una gran pira, sobre la cual se encaramó. Terminados los preparativos, dio orden a sus criados de que prendiesen fuego a la pira, pero ninguno quiso obedecer; sólo Filoctetes, o tal vez su padre Peante, se resignó. Como premio, Heracles le dio su arco y sus flechas (Ver, Filoctetes). Mientras la hoguera ardía, resonó un trueno, y el héroe fue arrebatado hacia el cielo sobre una nube. Se contaba que, antes de morir, Heracles había hecho prometer a Filoctetes, único testigo de su muerte, que jamás revelaría a nadie el emplazamiento de la pira. Al ser interrogado después Filoctetes, se negó a pronunciar palabra alguna; pero habiéndose trasladado al lugar de la pira, golpeó con el pie el suelo con gesto significativo, eludiendo de este modo la prohibición de Heracles. Más tarde fue castigado por ello con una dolorosa herida en el mismo pie (Ver su leyenda). Sobre los últimos momentos de Heracles existía una variante. Según ella, no habría muerto en una pira encendida voluntariamente. Torturado por la túníca impregnada de la sangre de Neso, se habría inflamado al exponerse a los rayos del sol, tras de lo cual se habría arrojado a un riachuelo de las inmediaciones de Traquis para tratar de extinguir el fuego que lo devoraba; así, habría perecido ahogado. Las aguas del río conservaron su calor a consecuencia del hecho; tal sería el origen de las Termópilas, entre Tesalia y Fócide, donde había, y sigue habiendo, una fuente termal. En ambas versiones interviene el fuego en la muerte de Heracles; por el fuego, Heracles se despoja de los elementos mortales que había heredado de su madre mortal, Alcmena. También Tetis trató de purificar a Aquiles exponiéndolo al calor de un hogar, para hacerlo inmortal. Ya entre los dioses, Heracles se reconcilió con Hera, la cual se convirtió en su madre inmortal después de una ceremonia en la que se simuló el nacimiento del héroe como si saliera del seno de la diosa. Casó con Hebe, la diosa de la juventud, y en lo sucesivo fue uno de los inmortales, gloria que había merecido por sus trabajos, su valor y, sobre todo, por sus sufrimientos. La leyenda atribuía a Heracles setenta hijos, casi todos varones.

 
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