Hiperbóreos
Pueblo mítico ubicado en la región extrema septentrional, en el lugar donde sopla el Bóreas "más allá del viento del norte". Su leyenda está ligada a la de Apolo. Después del nacimiento de Apolo, su padre, Zeus, le ordenó trasladarse a Delfos, pero el dios, en su carro tirado por cisnes, voló primero al país de los Hiperbóreos, donde permaneció algún tiempo. Sólo más tarde efectuó su entrada solemne en Delfos (Ver, Apolo). Cada diecinueve años, período que necesitan los astros para efectuar una revolución completa y volver a su posición inicial, el dios se traslada nuevamente al país de los Hiperbóreos, donde todas las noches, entre el equinoccio de primavera y la salida de las Pléyades, se le oye cantar sus propios himnos acompañándose con la lira. Tras haber exterminado a los Cíclopes, artífices del rayo con el que Zeus había dado muerte a su hijo Asclepio (Ver, Asclepio, Apolo), Apolo ocultó la flecha de la que se había servido para su venganza, en el gran templo circular que poseía en el centro de la principal ciudad de los Hiperbóreos. Algunos dicen que esta flecha, de tamaño prodigioso, voló hasta allí por sí sola, antes de formar en el cielo la constelación de Sagitario. Empleando esta flecha como vehículo, un Hiperbóreo llamado Abasis recorrió toda la Tierra sin comer; el maravilloso proyectil le proporcionaba el alimento necesario. La leyenda hacía remontar a unos fundadores hiperbóreos cierto número de ritos del culto apolíneo. No sólo Leto habría nacido entre ellos, y salido luego de su país para dar a luz a sus hijos en Delos, sino que también eran originarios de él los "objetos sagrados" de Apolo, que se veneraban en Delos. Sobre estos "objetos sagrados" existen dos tradiciones diferentes, ambas referidas por Heródoto. Según la primera, los trajeron a Delos, envueltos en paja de trigo dos doncellas, llamadas Hipéroque y Laódice, a quienes escoltaron en su viaje cinco hombres. Estas doncellas habrían muerto en Delos, donde se les rendía honores divinos. Según la otra versión, los "objetos sagrados" habían sido confiados por los Hiperbóreos a sus vecinos escitas, y, en sucesivos viajes hacia el Oeste, habían llegado a las márgenes del Adriático. Luego, en dirección Sur, y siempre pasando de ciudad en ciudad, habrían penetrado en Grecia por el Epiro, en Dodona y, desde aquí, a través de la Grecia continental, habrían llegado a Caristo, en la isla de Eubea, y, transportados de isla en isla, a Tenos, y, finalmente a Delos, término de su viaje. Se contaba asimismo que dos muchachas hiperbóreas, Arges y Opis, habían ido a Delos con las "divinidades" (es decir, Leto e Ilitía) cuando el nacimiento de Apolo y Ártemis, llevando ofrendas a Ilitía con objeto de obtener para Leto un alumbramiento rápido y fácil. También en Delfos desempeñaron un papel los Hiperbóreos. Llegaba incluso a decirse que uno de ellos, llamado Olén, había instituido el oráculo, con lo cual sería el primer profeta de Apolo y el introductor del uso del hexámetro en los vaticinios. Cuando la tentativa de los gálatas contra Delfos, aparecieron, entre otras intervenciones milagrosas que aterrorizaron al enemigo, dos fantasmas armados, que no eran sino los hiperbóreos Hipéroco y Laódoco (cuyos nombres recuerdan los de las doncellas, sus compatriotas, mencionadas en la leyenda delia citada antes). Los Hiperbóreos figuran, además, en la leyenda de Perseo y en la de Heracles, por lo menos, según la versión que sitúa en el extremo Norte el Jardín de las Hespérides, (Ver, Heracles). Pero, sobre todo desde la época clásica, los autores se han complacido en representar este país como una región ideal, de clima dulce y agradablemente templado, un verdadero país de utopía. El suelo produce dos cosechas al año. Los habitantes tienen costumbres simpáticas, viven al aire libre, en los campos y en los bosques sagrados, y gozan de extrema longevidad. Cuando los viejos han disfrutado suficientemente de la vida, se arrojan al mar desde lo alto de un acantilado, contentos, con la cabeza coronada de flores, y encuentran en las olas una muerte feliz. Se atribuía también a los Hiperbóreos el conocimiento de la magia. Podían volar, hallar tesoros, etc.. Pitágoras pasaba por ser una encarnación de Apolo Hiperbóreo. Ver, Ripeos (montes), Hiperbórea, Thule, Elixoia.

