Persas
Cuando tenemos las primeras noticias históricas sobre este pueblo las crónicas asirias sitúan a los persas al este, en el camino hacia el país de Namri y como vecinos de los "Meissi" hacia mediados del siglo IX a.C. En efecto, Salmanasar III realizó varias campañas contra "Parsua", sin duda Persia, en 843, 835 y 828, ésta última dirigida ya por su "turtanu" Dayyan-Assur. Según la crónica asiria, en este caso una inscripcíón del Obelisco Negro, en la segunda de estas campañas el rey asirio recibió tributo de los 27 "reyes" de Parsua, por lo que es evidente que el país no estaba unificado políticamente. Por entonces los persas son ya vecinos de los medos y ambos pueblos están situados al oeste y sureste. del Lago Urmia, respectivamente. A comienzos del siglo VIII, sin embargo, los persas descendieron por los valles de los Zagros y se establecieron al norte de Elam, en un territorio denominado "Parsumash", probablemente en recuerdo del hábitat originario. Sin embargo, el país caería pronto bajo el dominio del reino medo, creado por Dejoces a comienzos del siglo siguiente, cuando los persas eran dirigidos por Aquemenes, de quien se reclamaron descendientes los primeros soberanos persas, también llamados "Aqueménidas". El hijo de éste, Teispes, logró ampliar sus dominios a costa de los territorios vecinos, por lo que a su muerte (ca. 640 a.C.) pudo dividir el "reino" entre sus dos hijos. El país de "Parsumash" correspondió a Ciro I (640-600), quien consiguió a duras penas mantener su independencia frente a los medos. La otra parte del "reino", en cambio, cayó en manos de Ciaxares, hijo de Fraortes y nieto, por tanto, de Dejoces. Las buenas relaciones iniciales entre medos y persas aconsejaron a Ciaxares ceder el gobierno del territorio anexionado al nuevo soberano persa, Cambises, hijo y sucesor de Ciro I, en calidad de "vasallo" de los medos. Este para reforzar su posición se casó con una hija de Astiages, hijo y sucesor de Ciaxares, de cuya unión nació el que habría de ser Ciro II "el Grande", fundador del Imperio persa. Ciro sucedió a su padre en 559 a.C. Una sublevación del ejército medo en 550 puso a Astiages en manos de Ciro, quien no dudó en saquear la capital meda de Hammadan (la Ecbatana de los griegos) y proclamarse rey de medos y persas. De hecho, Ciro se convertía así en soberano de un vasto imperio, cuyos territorios abarcaban desde India hasta las costas de Asia Menor, pero era preciso garantizarse el reconocimiento de los estados intermedios. Con el apoyo de un poderoso ejército y un eficaz sistema administrativo en el control de los inmensos recursos acumulados, en menos de medio siglo la hegemonía persa fue reconocida en todo el mundo próximo-oriental, incluido Egipto, e incluso entre los pueblos del arco nororiental europeo. Ciro II tomó Babilonia en 539 y penetró en India ca.528. Tres años después su hijo y sucesor Cambises II conquistó Egipto, mientras que en 513, Darío I controlaba ya la región del Mar Negro, Tracia y parte de Macedonia, en la preparación de un ataque contra los griegos. El Imperio persa alcanzaba así una extensión sin precedentes. Constituye sin duda el mayor exponente del ciclo imperialista del Próximo Oriente antiguo y fue el primer imperio con vocación universalista, que dos ss. después caería frente al ejército greco-macedonio, pero que serviría de "modelo" al imperio de Alejandro Magno. No obstante, el mantenimiento de un imperio de estas características planteaba problemas administrativos y económicos de no fácil solución. Los primeros intentaron paliarse durante algún tiempo mediante la implantación del sistema de "satrapías" o gobiernos regionales encargados a personas de absoluta confianza del rey y, con frecuencia, a miembros de la familia real. Como elementos de descentralización administrativa, las satrapías, en número que osciló entre 20 y 27, se correspondían sensu lato con las unidades políticas existentes antes de la dominación persa. Cada satrapía era también una unidad de reclutamiento militar, dado que el sátrapa estaba obligado a proporcionar contingentes locales para contribuir a la defensa del Imperio. A su vez la actuación de los sátrapas era vigilada por una nutrida red de funcionarios reales que informaban "en palacio" acerca de su gobierno así como de las razones de descontento detectadas entre los "provinciales". Sin embargo, pronto las conspiraciones contra la corona se hicieron frecuentes y, sobre todo, los sátrapas más alejados del poder central buscaron el apoyo de sus vecinos, e incluso de los enemigos de los persas, para lograr mayor grado de autonomía en sus respectivas circunscripciones. Por otro lado, los problemas económicos de un imperio tan extenso se ligaban tanto a la forma de explotación de los recursos existentes como a la puesta en práctica de un sistema fiscal que sirviera para financiar las necesidades de defensa y mantenimiento del imperio. Para ello se hizo depender éste de la estructura administrativa; cada satrapía era considerada como una unidad contributiva y sólo el "pueblo persa", propiamente dicho, quedó exento de tributo. Pero la realidad regional era tan diversa, con pueblos y estados en diversos estadios de desarrollo, con economías tan dispares y con medios tan diferentes que resultaba muy dificil, por no decir imposible, "crear" un solo espacio económico entre el Egeo y el Indo, desde el Mar Caspio al Mar Rojo y el Golfo Pérsico. Aunque tal unidad econó-mica todavía no existió, algunos indicadores permiten pensar que los persas se adelantaron varios ss. a la organización económica característica de las monarquías helenísticas. En este sentido, se configuró ya un nuevo régimen de propiedad y explotación de la tierra. La posesion de ésta pasó de manos privadas a ser propiedad de los funcionarios de la corona, que la explotaban en régimen de arrendamiento mediante productores autóctonos, generalmente libres o dependientes, pero también esclavos, cuyo número aumentó considerablemente con los prisioneros de guerra. Por su parte, la familia real se reservaba la parte más importante de la propiedad de la tierra que, de hecho, pertenecía al rey por derecho de conquista. Pero es indudable que el patrimonio real se reforzó con las propiedades institucionales (dependientes del "palacio" o del "templo") de los estados dominados. Esta distribución restringida de la propiedad generó notorias diferencias sociales a dos niveles: uno, entre el "pueblo persa" y el resto de los pueblos y estados del imperio; otro, entre el grupo de funcionarios o privilegiados y el resto de la población libre. Pero unos y otros privilegiados no representaban más que unos 500.000 frente a una población próxima a los 50 millones de habitantes. Otro sector desigualmente desarrollado fue el del comercio. Las relaciones de intercambio oscilaron entre el trueque o la "economía natural" y las transacciones comerciales efectuadas sobre la base de los valores monetarios. De todos modos, las regiones por las que atravesaban las grandes rutas comerciales que unían el Medio Oriente con el Mediterráneo y, en particular, las de la periferia del imperio, desarrollaron una intensa actividad comercial, que contrastaba con las regiones del interior. Por ello el comercio a larga distancia se agilizó al suprimirse los controles que tradicionalmente imponían sobre éste los estados intermediarios. El propio Darío I llegó a abrir un canal entre el Nilo y el Mar Rojo a fin de facilitar las comunicaciones entre Egipto y la India por vía marítima. Finalmente, este mismo rey fue el artífice de un sistema monetario que pretendía unificar las relaciones económicas existentes en el imperio. Consistió en la acuñación del "dárico" de oro (una pieza de unos 8,4 grs. de peso) como moneda oficial, en torno a la cual se estipulaban los valores de las restantes unidades en circulación, sobre todo "siclos" de plata (de unos 5,6 grs.), con un valor aproximado de 1:20 respecto al "dárico", siendo la relación entre los metales-patrones de 1:13 1/3 aproximadamente. Los impuestos eran satisfechos en monedas de oro, pero el Estado tesaurizaba gran parte de dichos fondos e impedía de este modo una mayor circulación monetaria. En realidad, la difusión de la moneda en el Próximo Oriente no se lograría hasta dos siglos más tarde, gracias a las conquistas de Alejandro. Ver, Costumbres de los persas.

